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Reflexiones. Opinion

Vamos a divertirnos el dia de la huelga

Os pego aqui un correo que acabo de recibir. No se quien es el autor original del correo, pero creo que es interesante leerlo. Que cada uno opine y haga lo que crea conveniente:

 


Queridos Amigos y amigas:
 

Vamos a hablar de la huelga. Esta huelga no es sólo una huelga contra el gobierno, que lo es. Ni es sólo una huelga contra los empresarios, que también lo es. En esta huelga hay que enfrentarse a alguien más, a alguien más poderoso y sibilino, a alguien que no tiene exactamente rostro, a alguien que no se sabe donde está, a alguien de quien no sabemos siquiera su nombre y que actua bajo el pseudónimo de “los mercados”. El problema es cómo atacar a alguien que no sabemos ni donde está y que parece invulnerable (y a lo mejor lo es).

Entonces no estamos en una huelga típica en la que con parar la producción basta para hacer daño a un gobierno, a una empresa y a nosotros mismos (no lo olvidemos). En esta ocasión hay que apuntar más alto, hay que apuntar al gran capital, a los mercados, a los que manejan los hilos. Y la pregunta es: ¿cómo? Y la respuesta no la sé, pero intuyo que en el único sitio donde les duele a esa gente es en la cartera. Así que esta vez no sólo basta con dejar de trabajar, esta vez lo que hay que hacer es parar el dinero, hay que conseguir que no se mueva ni un duro.

Os propongo varias ideas en este sentido que voy a desarrollar en tres titulares que son: A) Parar. B) Cash. C) Tomar la calle.

 

PARAR

 

Esto es lo más parecido a una huelga tradicional. No se trabaja, está claro. Pero hay que ir más allá: ¡No se hace nada! Pero nada de nada, no se compra el pan (aunque haya pan), no se lee el periódico, no se oye la radio ni se ve la tele, no se gasta electricidad más que la imprescindible, no se coge el coche, los niños no van al colegio, sólo se habla por teléfono o se usa internet si sale gratis, en definitiva… no se mueve un duro. Ese día se come de congelados o si se tienen muchas pelotas, se ayuna (es broma, tampoco hay que pasarse). Ese día, todos a chingar, que eso es gratis, a cantar, a bailar y a hacer deporte (sin pagar, nada de gimnasios).

Si alguien no quiere hacer huelga que no la haga, pero que ese día que no venda un clavel. Sin piquetes ni pollas. Que se queden todo el día con el negocio abierto perdiendo dinero. En este aspecto los pequeños empresarios, que son tan víctimas como los trabajadores en esta crisis, deberían apoyar la huelga.

El objetivo de esto es que se note, que se note que no se ha trabajado y sobre todo que se note que no se ha consumido. Pienso que las verdaderas huelgas del siglo XXI van a ser las revueltas de consumidores o mejor de anti-consumidores. Ya se verá.

Creo que se entiende la idea principal ¿no?, que no jueguen con nuestro dinero. Ese día se pueden hacer transacciones pero que estén fuera del flujo monetario. Yo te doy tres tomates y me ayudas a mover un mueble por ejemplo.

 

 

CASH


Bueno, esto es más serio. Aquí se trata de hacer un experimentito. Durante estos meses-años que llevamos aguantando la crisis hemos estado movidos por los vaivenes de "los mercados" y sus juegos. Que si falta de liquidez, que si activos tóxicos, que si falta de confianza, que si exceso de gasto público y privado, que si la abuela fuma, etc. También hemos visto como han reaccionado los gobiernos ante ellos: ayudándoles en un primer momento y después plegándose a sus exigencias. Hemos visto que juegan duro y que si pueden van arramplar con todo. Hay que pararlos.
El día de la huelga no, el día antes o dos días antes, hay que retirar dinero de nuestras cuentas. Repito: nuestro dinero (por si alguno piensa que es algo ilegal o inmoral). Sí, vamos a ver que pasa, aunque sólo sea por curiosidad. Vamos a retirar una parte significativa de nuestros ahorros. No digo que saquemos todo el dinero que tengamos, pero algo que se note. Tampoco vamos a tener en casa un millón de euros, pero si mucha gente saca bastante dinero y lo retiene en sus casas, digamos durante cinco días, creo que se notaría. A lo mejor es divertido ver como reaccionan "los mercados". Y seguro que van a ser divertidas las excusas que nos ponen en el banco para que no lo saquemos.
Por supuesto que esta medida como más efecto tendría es si se hiciera a nivel global en toda Europa. Entonces sí que se iba a notar en el Dow Jones. Así que sería interesante que  esta idea rulase por ahí ya que en Europa va a ser un día de protesta aunque no de huelga.
Habría que hablar de cuanto dinero inmoviliza cada uno. Pero bueno eso me parece más personal, la cuestión es que lo hagamos muchos, os invito a que propaguéis esta idea si os parece buena. Lo dicho, que estén "los mercados financieros" con un poquito menos de dinero durante unos días y si alguien necesita dinero que se lo pida a un amigo.


TOMAR LA CALLE

Bueno, ya hemos quedado que el 29-S no trabajamos y no consumimos. ¿Qué hacemos pues? Pues nos vamos de paseo.
Ese día cogemos a nuestros niños, una mochila con unas manzanas y una bota de vino y nos vamos a pasear por el centro de la ciudad. O quedamos los amigos que hace mucho tiempo que no vemos en algún sitio y nos echamos unas risas. También sería un buen día para ir en bici por el centro de la ciudad, ya que hemos dicho que ese día no se usa el coche.
Lo importante es que se vea que la calle es nuestra y que si hay alguien trabajando (perdiendo dinero y tiempo) nos vea con envidia. Por supuesto que se puede ir a las manifestaciones de los sindicatos, pero eso no es lo más importante. Lo importante es que se vea que hay vida en la ciudad pero que no hay actividad económica. Lo importante es que al día siguiente podamos decir lo bien que nos lo pasamos ayer y que en los medios de comunicación (otros de los que habría que hablar) al día siguiente sólo puedan poner imágenes de gente pasándoselo bien. Sólo eso, esa es mi manera de tomar la calle.

Bueno, con esto termino mis homilías. Supongo que he tenido un éxito arrollador a tenor de las respuestas que estoy recibiendo. Pese a ello, os rogaría a cualquiera de vosotros que estéis como yo (un poco, o un mucho mosqueados con como va el tema) que mováis este correo por ahí. Y bueno, si os llega alguna información interesante me la mandáis. Un saludo y perdón por ser tan brasas.

 

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EL FACTOR MIERDA

 

Mira: Una, dos, tres, cuatro. Hay cuatro papeleras en esta habitación. Sólo es cuestión de extender un poco el brazo y utilizar cualquiera de ellas. En cambio, tú lo has visto. Dejan esto hecho un asco. Ellos me ven limpiando. Me conocen, pero no les importa”. 

De este modo se expresaba hace unos días uno de los limpiadores del college donde estudio. Nos conocemos desde hace un año y, de vez en cuando, entablamos conversación.

Se mostraba indignado y me explicaba aquello del siguiente modo: “Somos esclavos de la cultura, de los hábitos. De nada sirve que instalemos papeleras si no existe el hábito de utilizarlas”. Y para ilustrármelo me relató la experiencia llevada a cabo por cierto antropólogo y en la cual su tesis quedaba bien reflejada.

Ofrecer una explicación de tipo antropológico puede resultar interesante, incluso acertado, pero para mí no es suficiente y, mucho menos, justificable. Y así se lo hice saber a mi colega, colega que lo es en el sentido estricto de la palabra, ya que ambos nos ganamos las habichuelas ejerciendo el mismo oficio.

Verán, desde mi punto de vista, hay dos conceptos claves en este asunto: Uno es FALTA DE RESPETO y el otro es CLASISMO.

Vivimos en una época en la que se nos llena la boca con palabras como respeto, tolerancia, igualdad, etcétera. Pero del dicho al hecho va mucho trecho, como sabiamente dice el refrán.

Un limpiador, aunque todo el mundo afirme que es igual que cualquier otro ciudadano, incluso aunque quienes digan tal cosa crean que realmente lo piensan, lo cierto y lo fijo es que los hechos hablan por sí mismos. El “subconsciente colectivo” -si es posible emplear dicho termino aquí- muestra claros indicios de que aun existe una visión clasista de la sociedad, visión en la que la línea divisoria viene trazada, disculpen si resulto demasiado explícito, por la mierda: unos la sueltan, y otros la recogen y/o se llenan de ella.

Por eso podríamos considerar lo que, a grandes rasgos, podría ser denominada como Ley de Pertenencia a Clases Sociales que, si bien no tiene por que cumplirse en el 100% de los casos, si puede resultar bastante orientativa. Diria asi: “El nivel de la clase social a la que pertenece un individuo es inversamente proporcional a la cantidad de mierda que deba recoger en el curro y/o a la cantidad de mierda de la que se llene a lo largo del día. Si tiene curro”.

Por mucho que nos hablen de igualdad, las connotaciones clasistas permanecen ahí, inalterables, y no solo afectan a limpiadores, sino que se extiende a otros oficios  y a condiciones de otro tipo como puedan ser la raza o la nacionalidad.

Lo más triste, por no decir patético, es que dicha mentalidad subyacente procede mayoritariamente de currantes, individuos pertenecientes a la clase obrera que viven una ilusión aburguesada. Personas que no piensan, empática o solidariamente, en los otros que, como él, se ganan la vida como buenamente pueden y con la dignidad que jamás –insisto, jamás- debe abandonar a un trabajador. Incluso cuando haya perdido su empleo.

 

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LA DICTADURA DE LO POLITICAMENTE CORRECTO

 

Hace dos años asistí a un ensayo de unos amigos que se encontraban preparando su exposición para las Oposiciones de Secundaria. Cual no fue mi sorpresa cuando vi como insistían en que era recomendable que durante la exposición, cuando se encontrasen delante del tribunal, dijesen “los alumnos y alumnas” en vez de decir, sencillamente, “los alumnos”.

 

La ley no obligaba a mis amigos a decir semejante estupidez, no hubieran ido a la cárcel por ello, pero fueron víctimas de una censura que no les permitía decir lo que sé de buena tinta que hubieran preferido, ya que ellos, al igual que yo, se muestran contrarios a estas moderneces*. Sabían, o suponían, que el tribunal que los examinase valoraría negativamente, como algo en contra de la igualdad de sexos (bueno, ellos hubieran dicho “género”, que esa es otra), algo que en realidad no era más que el uso apropiado de nuestra lengua.

 

Esta censura “del dedo índice (o dedo acusador)”, a una sola palabra tuya te señala como xenófobo, racista, machista, homófobo*, antimonárquico, insolidario, anarquista, utópico, anti-demócrata, radical, etc., entre todo un repertorio de adjetivos considerados por la sociedad como negativos, independientemente de que éstos lo sean o no.

 

Se apoya en el temor que tenemos a ser rechazados socialmente, a que nos señalen. Ese miedo al rechazo nos lleva a la autocensura, a reprimirnos, a tener que vigilar nuestras palabras no vaya a ser que nos tachen de algo indeseable. Así, se acaban diciendo gilipolleces como “hombre de color” en vez de “negro”, a decir “los ciudadanos y las ciudadanas” (se me seca la boca si tengo que decir todo eso), o a escribir letras que no existen (véase @).

 

También puede uno ser considerado un antisocial o un insolidario si se decanta por herejías del mundo moderno. Herejías como puedan ser, por ejemplo, afirmar que las elecciones democráticas son una falacia, o que la “discriminación positiva” no existe, que la discriminación es siempre  discriminación y punto. O puedes ser un machista malo malísimo si, en un acto puramente suicida, afirmas que la paridad en las listas electorales es una medida sexista, ya que contempla a qué sexo perteneces a la hora de crear las listas, en vez de limitarse sola y exclusivamente a evaluar tu capacidad para ocupar un puesto de responsabilidad.

 

Resultan aquí interesantes las catarsis que surgen como consecuencia de esta represión invisible. A veces me planteo que quizás no sea tan casual que cada vez abunden más y gocen de mayor éxito series de televisión de humor negro, racista, machista, etc. Estas series, a mi entender, no serían tanto un fruto de la libertad de expresión, sino más bien lo contrario, ya que pondrían en boca de personajes ficticios lo que no nos atrevemos a decir en la vida real, lo que a veces no nos atrevemos a decir ni siquiera en broma.

 

*Las palabras “modernez” y “homófobo” fueron incorporadas por la RAE en la edición de su diccionario en Internet hace solo unas semanas.

 

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Historia del agua embotellada

Historia del agua embotellada

Un poco de informacion para reflexionar y aprender a ser consumidores un poquito mas responsables.

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RADIO CELESTE

 

Cuando contaba diez u once años de edad, llegado el verano, mi hermano y yo aprovechábamos para pasar algunas noches a la intemperie, y nos íbamos de mudanza a la azotea. Que si colchones, almohadas, sábanas, linternas...

Recuerdo de un modo entrañable  las últimas horas de la madrugada, cuando me despertaba con el aire fresco. Me deleitaba contemplando las estrellas, reconociendo algunas constelaciones, comprobando cómo éstas habían variado su posición aparente a lo largo de la noche. Me fascinaba, por ejemplo, la irrupción de Orión sobre el horizonte, indicando con ello que el amanecer en breve llamaría a las puertas. Para mí, aquellas horas previas al amanecer eran realmente mágicas.

Mientras viajaba por el espacio sideral sin moverme de la azotea de mi casa, me agradaba escuchar, a bajo volumen, cualquier emisora de radio donde hubiese alguien contando algo, lo que fuese. La radio era vieja y destartalada, de esas que sólo sintonizaban la onda corta y que venían protegidas por una funda negra, cuarteada por el paso de los años. Me gustaba. No me pregunten por qué pero me gustaba, había algo especial en todo aquello, algo íntimo.

También con aquella edad, pero en invierno, llegué a construir una antena de cinco metros –bueno, yo creía que aquello era una antena-, con la esperanza de poder comunicarme con los radioaficionados, comunicación que, por supuesto, nunca tuvo lugar, ya que todo mi equipo se reducía a un simple walkie-talkie.

Recuerdo, por ejemplo, la poderosa luz de la Luna Llena de Enero iluminando la azotea al comienzo de la noche. Yo, con el walkie-talkie conectado a la “antena” escuchaba atentamente a los radioaficionados, y los imaginaba disfrutando de esa intimidad compartida que impregna las ondas de radio durante la noche, intimidad que a mi manera hice mía, colándome, invisible, en su mundo: Ese ruido de fondo, ese silbido que a veces iba y venía, esa jerga que en parte aprendí sólo escuchando (“breico, breico”)… Yo quería ser uno de ellos.

A veces me imaginaba –por soñar-, que disponía de mi propia emisora de radio, la cual sólo emitiría un programa que, además, tendría lugar durante esas horas previas al amanecer de las que hablé antes. Me imaginaba a mí mismo dirigiéndome a los cuatro noctámbulos que se encontrasen conectados en ese momento.

Lo que no podía imaginarme entonces era que, años más tarde, el recuerdo de todo aquello me inspiraría el nombre genérico bajo el que acogería estos artículos. A fin de cuentas, parte del espíritu de estos escritos no es otro que el mismo que daba sentido a aquella estación radiofónica de mi infancia. Aquella radio de un niño que soñaba bajo la bóveda celeste y que, crecidito ya, aún no ha perdido la capacidad de soñar.

 

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ANCLADOS

Estos días he estado pendiente de lo que se cocía en una página de Feisbuk llamada “Som una nació. Nosaltres decidim (manifestació)”, con motivo de la manifestación convocada para el pasado 10 de Julio como protesta contra los recortes del Tribunal Constitucional al Estatut de Catalunya.

Mi intención al entrar en esa página, inocente de mí, era informarme. Sin embargo, más que información, lo que encontré fueron unas tensiones y una negatividad en el ambiente que ya las quisiera para sí el mismísimo Darth Vader para dominar, no solo la Galaxia, sino el Universo entero. También encontré personas que dejaban ver su coherencia en las argumentaciones y su respeto hacia las ideas ajenas pero, desgraciadamente, sus intervenciones se veían empañadas por las de aquellos otros que, sin venir a cuento, se dedicaban a menospreciar e insultar. Desde catalanes independentistas diciendo “Pírate espanyol”, a españolistas entrometidos que participaban en la página sólo para provocar -para dar por culo, vamos-, llegando alguno a apelar a la intervención del ejército para encarcelar a los manifestantes -a los que calificaba como “maleantes”-, o a afirmar que la bandera independentista debía estar prohibida. Por no mencionar la facilidad con la que se llamaban “incultos” unos a otros.

Cuando leo toda la sarta de disparates con las que me he tenido que encontrar estos días, me quemo, me canso.

Desde mi punto de vista, lo que hace falta es, como ya he dicho en alguna ocasión, más humildad y respeto. Lo que se necesita es salir de los pueblos y de las ciudades, residir en otros lugares donde se entablen relaciones con españoles procedentes de otros puntos del mapa; dejar los prejuicios y las ideas preconcebidas a un lado, escuchar, aprender, ponernos en el lugar del otro e intentar comprender al ser humano que tenemos delante, lo cual no implica necesariamente tener que estar de acuerdo con él. Y es que tan útil resulta una mochila para el crecimiento personal como lo pueda ser un buen libro.

Aun vivimos anclados en estereotipos que no tienen ningún sentido y que no nos hacen ningún favor, estereotipos que la televisión se empeña en mantener, y que mucha gente persevera en no destruir porque siempre es más cómodo conservar una creencia ya instalada –por perjudicial que sea esta- que deshacerla para construir una nueva.

Yo les puedo asegurar que, en mi caso, la movilidad me ha sido muy beneficiosa. Si siempre me he considerado una persona de mentalidad abierta, creo que puedo afirmar que ahora lo soy aun más.

Los catalanes con los que me relaciono y con los que me he relacionado en Escocia se encuentran entre las personas más nobles y cariñosas que jamás he conocido, y casi todos ellos, miren ustedes por donde, abogan por la independencia de Cataluña. Con ellos puedo hablar tranquila y civilizadamente sobre ese tema mientras tomamos un café o una cerveza, incluso nos permitimos bromear sobre nuestras diferencias; y nadie se ofende porque, ante todo, prima el respeto mutuo. Café o cerveza a la que, por cierto, en ocasiones he sido amablemente invitado.

 

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Cronica y contracronica de un mundial

Cronica y contracronica de un mundial

Un articulo realmente interesante, que nuestro amigo Alfonso ha colgado en su blog personal:

Cronica y contracronica de un Mundial

Entrevista a Susan George

Entrevista a Susan George

Ya hemos escuchado a los politicos hablar sobre la crisis y aun no han dicho nada util. Escuchemos ahora a los que saben de lo que hablan, a los que estudian, a los que proponen soluciones. Y reflexionemos.

Entrevista a Susan George


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LA CASA ANEGADA

 
Nunca olvidare la tarde en que, hace ya bastantes años, fui a un amigo en busca de consejo:

- Imagínate que un día, al llegar a casa, te la encuentras anegada. ¿Qué es lo primero que harías?- me pregunto mi amigo.

- No se –respondí-. Supongo que achicar agua como buenamente pudiera.

- No, esa no es la solución.

- ¿Entonces?- le pregunte intrigado.

- Tendrías que buscar el grifo y cerrarlo.

Yo, al imaginarme que llegaba a casa, solo vi el agua, no pensé que aquel problema debería tener una causa, y que era a esa causa a la que había que prestar atención. Solo vi el agua, el problema, como si hubiera aparecido allí por arte de magia.

Ahora que nos encontramos inmersos en esta crisis, me acuerdo constantemente de la casa anegada, y sobre todo, del grifo.

Todas las medidas que nos anuncian desde este y aquel gobierno para paliar la crisis, no son más que medios para achicar agua, con la intención añadida de que, mientras nos dedicamos a ello, no pensemos en el grifo, ni nos planteemos siquiera su existencia. Y menos aun cerrarlo y sellarlo. Esta claro, creo yo, que me estoy refiriendo al Capitalismo.

Esta crisis se superara, se superara desde dentro del Capitalismo, a su manera. Tras ella, el sistema ganara en fuerza y solidez, como ha venido ocurriendo desde el principio. En el Capitalismo, las crisis son como en las personas. Una vez superadas, les permiten madurar y afianzar su propia identidad. Esta certeza, para los que nos consideramos anticapitalistas, nos entristece.

El Capitalismo no se destruirá a sí mismo, como muchos vaticinan. El Capitalismo debe ser destruido, debe ser aniquilado intencionadamente; y no hay que ver en él un problema pasajero, sino a un enemigo permanente al que hay que batir o ante el que hay que sucumbir. Con el Capitalismo no hay negociación posible, pues los principios de este atentan directamente contra los de la dignidad humana.

Es en este punto cuando reparo en una crisis aun más grave, una crisis que nos afecta a todos y que en parte, ha sido provocada por el sistema mismo para su propia perpetuación. Hablo de la crisis de la solidaridad, de la crisis de la unión, de la crisis de la fe en la REVOLUCION.

Yo mismo, sin ir más lejos, escribo estos artículos porque me gustaría creer, pero el escepticismo aun me puede. Si antes dije que el Capitalismo es un enemigo al que hay que batir o ante el que hay que sucumbir, me entristece admitir que aun no soy lo suficientemente valiente, que lo que he hecho hasta el momento y durante toda mi vida ha sido lo segundo, es decir, sucumbir.

Ser consciente de ello, de mi propia debilidad, que es a la vez la de millones de personas, me hace tomar conciencia al mismo tiempo de algo que considero de vital importancia: Una REVOLUCION es realmente necesaria. La cuestión, ahora, seria concretar; saber cómo podria llevarse a cabo.

 

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Sentirse vivo

Ahí os dejo un nuevo artículo, tras el largo parón en las últimas semanas.

Una de fantasmas

Una de fantasmas

Os presento dos reportajes emitidos por televisión. Ambos tratan el mismo asunto: la supuesta aparición de un fantasma real en la película "Tres solteros y un bebé".

De los dos vídeos, el segundo se ve fatal, pero eso es lo de menos.

En un principio parece que este post es para hablar sobre fantasmas. Pues no, el tema que quiero dejar sobre la mesa es el de la diferencia en el tratamiento de este tipo de asuntos, de todo lo relacionado con lo paranormal.

Por cierto, el segundo reportaje es de Antena 3. Prestad atención al lenguaje que emplean y a la contundencia con la que exponen conclusiones.

No digo más.

Reportaje 1 (ETB)

Reportaje 2 (Antena 3)

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Elbow: Friend Of Ours

Elbow: Friend Of Ours

Elbow: Friend Of Ours

Nada es lo que parece

Ahí os dejo un nuevo artículo sobre el Estado asesino de Israel.

The Light Of Life

The Light Of Life

La luz de la vida

The Light Of Life

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EL FANTASMA DE LAS BECAS

 

A mi hermana,

y a todos los que alguna vez se han enfrentado a él.

 

El pasado viernes tuvo lugar la ceremonia de graduación de mi hermana, y eso, sin querer pecar de monarca, me llena de orgullo y satisfacción. Pero mi orgullo se duplica cuando pienso que para ella, el reto no ha sido como para la mayoría, sino que ha tenido que enfrentarse a un sistema educativo en el que no todos somos iguales. Por eso, hoy vuelvo a quitarme el sombrero ante ella.

 

Con motivo de la graduación esta semana se me han venido a la cabeza muchos recuerdos: el día que nació, su primer día de colegio, cuando me pedía que le explicara algo, cuando entro en el Instituto… Todo muy rosa.

 

Pero de pronto emergió de mi memoria otra escena, ésta bien distinta: Ya mayorcita, mi hermana se cuestionaba si entrar en la Universidad era lo más adecuado para ella o si, por el contrario, era más recomendable estudiar un ciclo formativo. Yo sabía que ella realmente quería estudiar una carrera. ¿Por qué, entonces, me venía con esas dudas? ¿Cuál era el motivo para cuestionarse aquello? Muy sencillo, mi hermana ya no era ninguna cría y sabía que a partir de ese momento, estudiar y costearse la vida durante los años que durase la carrera le iba a suponer un pellizco. Su temor era la posibilidad de no poder concluir sus estudios en caso de que algún año, por el motivo que fuese, le faltase la beca.

 

Seamos claros: en una época en la que nos vanagloriamos de que todos somos iguales, mi hermana entro en este juego con menos cartas que la mayoría. Y es que, tal y como dije en alguna ocasión, las clases sociales existen, y allá donde haya clases, nunca habrá igualdad.

 

Se podrá argumentar que precisamente para eso se inventaron las becas, para compensar ese desequilibrio social. A ello respondería que si a una rueda pinchada le pones un parche, debajo del parche permanece el pinchazo. La beca es un parche, no acaba con la desigualdad. Si no, ¿por qué, mientras unos estudian la carrera tranquilamente, sin temores, otros tienen que pasarse los años correspondientes con el fantasma de la pobreza constantemente a sus espaldas, con la presión y la amenaza de perder el derecho a beca al mínimo tropiezo? Para los de nuestra clase, una beca no es una opción, no implica un dinero extra, no es un premio ni  un regalo. Para los de nuestra clase, una beca es una necesidad, es decir, algo imprescindible, la línea divisoria que marca la diferencia entre seguir estudiando o no; es el recordatorio de que perteneces a una clase en la que tienes que demostrar constantemente que eres el mejor si quieres tener los mismos derechos que los demás, independientemente de que esos “demás” sean unos buenos estudiantes o unos lerdos.

 

Admito mi torpeza: Me cuesta comprender que a estas alturas, cuando todo el mundo asegura estar de acuerdo en que la Educación es un derecho humano, aun haya que pagar para acceder a él.

Mientras los estudios superiores no sean de carácter gratuito, no podre considerar a España como un país desarrollado, ya que negar, restringir o condicionar por motivos económicos el derecho a dichos estudios implica, a mi parecer, la negación de la igualdad misma, y no se puede considerar desarrollado a un país que no garantiza al 100% esa igualdad.

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Las primas de La Roja no tienen recorte

Las primas de La Roja no tienen recorte

Un amigo ha dejado este enlace en Facebook y me ha parecido muy interesante.

Se trata de un articulo que invita a la reflexion. Habla de la seleccion espanyola de futbol y los recortes sociales.

Os invito a leerlo y, por supuesto, a opinar.

La Cultura no es pasiva, sino activa y, al mismo tiempo debe ser comprometida, al menos desde mi punto de vista.

Las Primas de la Roja no tienen recorte, por Felix Poblacion

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PARECER INTERESANTE

 

Tengo un amigo al que, su afición a la escritura, en alguna ocasión le ha servido para ligar. Él quizás lo niegue, pero a los amigos no nos engaña. Yo, por mi parte, le admiro y confieso mi torpeza para hacerme el interesante. Como muestra, valga un botón:

 

Hace poco más de un año una amiga me invito a una fiesta en su piso. Aquella fiesta, ahora que lo pienso, tenía algo que me recuerda a esas que aparecen en las películas de Woody Allen, con la diferencia de que en este caso habría que rebajarle un tanto la dosis de glamour.

 

El caso es que, de pronto, apareció una niña, -sueca, creo recordar- muy mona y muy simpática, y me dijo: “Hola, ¿eres el escritor?”

Me comento que se lo había dicho su compañera de piso (la que me había invitado), a lo que le respondí que su compañera exageraba. Le explique que es cierto que me gusta escribir, pero que de ahí a decir que soy escritor hay una gran diferencia.

Entonces me conto que a ella le encanta la escritura, y me hablo de un blog personal que tenía en Internet. La verdad es que la conversación estaba resultando muy interesante, no solo por el tema en sí, sino porque la chiquilla, insisto, era bastante guapa y simpática, a lo que ahora debo añadir su inteligencia y su nivel de Inglés, que dejaba al mío a la altura de una mierda de perro cuando se pisa con unas chanclillas compradas en un todo a cien. Además, yo ya me había tomado tres o cuatro copas de vino blanco del barato pero del que se sube igualmente.

 

En un momento de la conversación me pregunto por la revista Plumabierta –por lo que se ve, venía bien informada-. Entonces, parece ser que la palabra “revista” llego a oídos de otra sueca que circulaba por allí –si no era sueca, lo de nórdica no se lo quita nadie-, la cual se acerco, al parecer, muy interesada.

 

Debo confesar que, llegados a este punto, ya no sé si decir que aquello me recordaba a una película de Woody Allen o más bien a una españolada de esas con Alfredo Landa o con Paco Martínez Soria. Lo digo por encontrarme allí, en medio de dos suecas que me sacaban, al menos, un palmo de estatura cada una. Pasados unos minutos en los que yo había estado explicando de que iba “El Pluma”, la recién llegada –que después supe que había estudiado Periodismo-, me pregunto:

“Entonces, ¿estás en una revista?”

Yo no sabía que responder, porque ignoraba que entendía ella por “estar en una revista”, por lo empecé contestando con un dubitativo: “Bueno, si, más o menos, pero…”

No había terminado de responder cuando volvió a la carga –deformación profesional, supongo-: “¿Una revista española?”

“Si, española” – conteste.

“¿Y trabajas para esa revista desde Edimburgo?”

 

En ese momento ya me rodeaban un par de personas más. Pedrín, como quien no quiere la cosa, tenia audiencia.

El tema se me iba de las manos. Yo no soy periodista, ni escritor, aquí nadie trabaja para una revista, ni desde Edimburgo ni desde Edimburga.

Entonces sentí deseos de acabar con tanta tontería pseudointelectual y reivindicar la realidad y lo prosaico de mi verdadera condición laboral, sin aditivos:

“Veras, yo no trabajo para una revista. Esa revista es algo muy modesto que hacemos entre unos amigos. De hecho, la imprimimos a fotocopias. No es más que una afición. No es mi trabajo”.

“Entonces, ¿en que trabajas?”

Aquí llegaba la pregunta del millón. De mi respuesta dependía seguir o no pareciendo interesante ante aquel público, que parecía sediento de intelectuales:

 

“Soy limpiador, en un restaurante”.

Y para arreglarlo del todo añadí un comentario sin importancia que dejara bien claro que quería decir con “limpiador”:

“Entre otras cosas-dije-, friego retretes”.

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APRENDER INGLÉS

 

Aprender Inglés, al menos para mí, ha supuesto una lección de humildad.

Antes de llegar a Edimburgo, incluso llevando ya algún tiempo aquí, había algo que no me cuadraba sobre esta lengua pero, en vez de prestar la debida atención a la contradicción que se me presentaba, la dejé pasar de largo, como si no existiera, sin reparar en la gran enseñanza que encerraba. Bien, paso a explicarme porque, si no me explico, no nos entendemos:

Por un lado, yo era uno de esos españoles que, orgullosos de la riqueza del castellano, consideraba al Inglés una lengua más bien simple y debo admitir que, a veces, injustamente, la miraba con cierto desdén. Aunque era consciente de que su aprendizaje requeriría un tiempo por mi parte –eso nunca lo dudé-, pensaba que porque el castellano tuviese doscientas formas verbales, se llevaba por delante al Inglés en riqueza y complejidad, sin sospechar que esa riqueza bien podría venir dada por otros aspectos que yo aún desconocía.

Por otra parte –y es a este lado de la balanza al que debía haber prestado mayor atención-, encontraba que en esta lengua habían pensado y se habían expresado grandes escritores y no menos grandes filósofos a lo largo de la Historia, pensadores que, en ocasiones, no sólo habían influido sino que, además, habían revolucionado por completo los paradigmas de nuestra cultura occidental. Del mismo modo, era consciente también de que, durante siglos, generaciones de personas habían expresado todo su amplio rango de sentimientos y emociones, así como de pensamientos, en Inglés.

Hubiera sido de cajón, por tanto, concluir que para que todo esto fuese posible, era preciso que la lengua empleada fuese compleja, rica y llena de matices, para así estar a la altura de lo expresado.

Yo entonces lo intuía, pero mi estúpido “castellano-centrismo”, si se le puede llamar así, me eclipsaba lo que ahora me parece evidente.

Para llegar a esta conclusión, torpe de mí, he tenido que tomar el camino más largo: Residir en Edimburgo –curiosamente, cuna de grandes pensadores-, sumergirme poco a poco en su lengua hasta la aparición de esa maravillosa conexión –iba a decir “link”- que se da entre conocer y amar o, al menos, entre conocer y apreciar.

Ha sido entonces, está siendo ahora, cuando estoy empezando a aprender y a comprender que no existe ni puede existir una lengua simple, que la riqueza es intrínseca al idioma, sea cual sea éste, ya que va ligado a la propia riqueza del ser humano.

Es por eso que, a la hora de pretender aprender Inglés, yo diría que son necesarios cuatro elementos, relacionados entre sí, y que tienen que ver con nuestra actitud:

Paciencia y dedicación por un lado, ya que si estamos diciendo que una lengua es rica y compleja, ello implica necesariamente concebir su aprendizaje como un proceso lento que, como tal, requiere tiempo.

Respeto y humildad por otro, aunque esto último es algo que, sencillamente, deberíamos aplicar en todas las facetas de la vida.

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