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The Shadow

The Shadow

 

No estaba solo, lo sentí, desde el primer momento en el que entré en aquella casa. ¿Cómo imaginar quién sería? ¿Cómo iba yo a pensar que el haber entrado en mi antigua casa familiar iba a ser mi perdición?

 

Tras abrir la puerta me introduje en aquella vieja casa llena de polvo. El ambiente estaba sobrecargado debido al tiempo que llevaba sin recibir una visita. Dejé el equipaje en la entrada y empecé a vagar por entre numerosos recuerdos. Todo estaba cubierto por sábanas blancas. Con cuidado, fui descubriendo los muebles y recordando viejos tiempos que pasé junto a mi familia y amigos. El sofá donde veía mis series favoritas junto a mi madre, la escalera donde me ponía a jugar, el sótano… sí, el sótano. Sin duda había muchos recuerdos en todo y cada uno de los lugares de la casa.

Ahora, después de tanto tiempo y tras la muerte de mi padre, todo aquello me pertenecía, pero la verdad es que el hecho de haber entrado me había hecho sentir mal a cada paso que daba. En algunos momentos parecía como si la casa respirase, y tuviese vida propia. Ella me miraba y me recordaba todos aquellos momentos que pasé aquí, sin duda dolorosos.

 

El paseo por aquella casa me hacía no dirigirme inconscientemente hacia el sótano. La puerta del sótano estaba situada debajo de las escaleras, y tras ella, una escalera sin apenas luz te llevaba a la parte baja de la casa. Aquel lugar sin luz, lleno de humedad y suciedad era el lugar preferido por los insectos, aquella parte de la casa estaba tan aislada que no llegaba ni el más mínimo ruido, y ya podías gritar hasta que tu garganta se irritara que por muchas horas que pasases queriendo que alguien te escuchara, nadie acudiría en tu ayuda, nadie te oiría, nunca.

Tras bajar las escaleras después de visitar las habitaciones superiores vi la puerta. Me dirigí hacia ella y mirándola con desprecio la abrí decidido totalmente a superar todos mis miedos.

 

Bajando las escaleras intentaba mantener la mente en blanco, pero era tan imposible, que las piernas me temblaban por el miedo de lo que abajo pudiera encontrarme. Sentía terror pero a la vez  necesidad de llegar. Acabé con todos los escalones, cada peldaño me hacía estar más asustado y ahora estaba en el sótano de los horrores. Tal  como sentí al llegar a la casa, no estaba solo, sentía una respiración ¡alguien estaba allí! ¿Qué hacer? El miedo me tenía paralizado. El aire que expulsaba aquella cosa me ahogaba. En esos momentos supe que jamás saldría de allí con vida. Alcé la mano y tiré de la cuerda que encendía una pequeña lámpara situada en el techo, y entonces lo vi. El cuarto se extendía todo delante de mí. Justo detrás mía quedaba la lámpara en el techo y delante de mí una mesa pequeña al fondo se podía ver la pared que suponía el final del sótano y en el cual se reflejaban las sombras de todo lo que se movía y se hacía en aquella habitación. Mi sombra en la pared era igual que aquella que abusaba de mí sobre la mesa. Durante años no pude más que vislumbrar en aquella pared final del sótano esa sombra de mi padre que me violaba, mientras que mi garganta se secaba por los numerosos gritos que nadie llegó a escuchar jamás.

 

Me quedé paralizado por el miedo, mi sombra, ella parecía tener vida propia, sentía su respiración, su mirada, su superioridad, llegaría a atraparme en sí misma, consumiéndome, perteneciendo yo a ella y viviendo para siempre una pesadilla sin fin, acabando con mi existencia y formando parte para siempre del mundo de las sombras.

Aún no sé ni cómo, reuní el valor suficiente para conseguir mover el brazo, alzarlo y llegar a apagar la luz de nuevo, la sombra desapareció. Pero seguía estando ahí, en esa pared, expectante, para que cuando volviera la luz, regresar y así acabar conmigo. Una vez apagada la luz no tuve más fuerzas, sólo para situarme en cuclillas debajo de la mesa y balancearme de  un lado para otro. El pánico que sentía era enorme, no podía moverme y aún no puedo hacerlo. No sé cuanto tiempo ha pasado desde aquel día, ya perdí la noción del tiempo, pero el hecho de no poder mover ni un dedo debido al miedo es un síntoma que demostraba que mis sombras  habían salido vencedoras. Me consumieron. Ahora para siempre viviré en la oscuridad, recordando el pasado, sin poder superarlo, viviendo una pesadilla por minuto. Siendo yo la víctima de ser yo mismo.

 

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