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Reflexiones. Opinion

Monólogo: "Disculpe la espera"

MONÓLOGO

Hola. Perdonad un momento antes de comenzar el monólogo pero es que tengo que hacer una llamada a Telefónica. Me tenían que haber puesto el ADSL la semana pasada y no he tenido noticias de ellos. Ya saben, si no estás conectado a Internet con una línea de alta velocidad no eres nadie.

 

Disculpen. (Marcando el 1004)… Es sólo un minuto. Se oye una voz grabada: “Acaba de marcar el 1004, bienvenido a Telefónica de España. Si tiene un problema con su línea ADSL marque el 902555555, si quiere hacer otra consulta o gestión, por favor, dígalo claramente a continuación”.

 

-         Si hola. Yo llamo porque la semana pasada pedí que me instalaran la línea ADSL y no ha venido nadie por aquí.

-         (Vuelve a sonar la voz pregrabada). Disculpe, vuelva a repetir el motivo de su llamada. Alto y claro, por favor.

-         (Gritando y separando las palabras). Ho…la. Lla…mo porque la sema..na pasa…da pedí el A..D..S..L.. y no me lo han ins..ta..la..do.

-         (La voz pregrabada). Aguarde un momento, en un instante la atenderá uno de nuestros operadores.

-         (Suena una musiquita de fondo). “En estos momentos todos nuestros operadores están ocupados, aguarde unos instantes”. (Emilio vuelve a dirigirse al público y les reitera las disculpas por la llamada y que sólo será un minuto). Al cabo de unos segundos. “Sí buenos días, le atiende Juan Alberto Bellón, ¿en qué puedo servirle?”

-         Hola. Llamo para saber cuándo me van a instalar mi línea ADSL.

-         Sí, por favor, ¿puede decirme con quién tengo el gusto de hablar?

-         Me llamo Emilio.

-         ¿Sus apellidos por favor?

-         Gómez Pérez.

-         ¿Me puede decir el número de su línea fija?

-         El 956700900

-         Señor Gómez, ¿La línea de Telefónica está a su nombre?

-         No, al de mi padre.

-         ¿Me puede decir el nombre y apellidos de su padre, por favor?

-         Emilio Gómez Tenaz

-         ¿Me dice también el DNI de su padre?

-         El 4847737281Ñ

-         ¿El domicilio donde quiere instalar la línea de ADSL, por favor?

-         Corredera, 21 en Arcos de la Frontera

-         Muy bien Don Emilio. Y me dice que quiere instalar una línea ADSL, ¿no es así?

-         Sí, vamos de hecho yo les llamé la semana pasada para solicitarla y quedaron en que la instalaban ya, por eso les llamo.

-         Muy bien don Emilio, disculpe unos instantes mientras miro su petición.

-         Vuelta la musiquita. Emilio vuelve a hablar con los espectadores. Está algo enfadado. Comenta: “Hay que ver con estos de Telefónica, parecen la policía haciéndote un interrogatorio en primer grado”.

-         (Cada diez segundos una voz le pide disculpas y que aguarde) Disculpe por la tardanza en breve volveremos a atenderle. Gracias.

-         (Regresa el operador). Perdón por la espera don Emilio. Pues mire lo siento pero en su expediente consta que la petición está resuelta. Tendría que llamar al 1002, el teléfono de averías y preguntar allí.

-         (Emilio ya está enfadado). ¡¿Que ya está resuelta?! Pero si nadie me ha llamado ni ha venido por mi casa a instalarme el maldito ADSL.

-         Lo siento don Emilio pero en nuestro sistema consta como que su petición ya está resuelta. Sería el departamento de averías el que tendría que comentarle qué ha pasado con su línea ADSL.

-         ¿Y me dice que tengo que llamar al 1002?

-         Así es don Emilio. Pero antes quería proponerle la contratación de Imagenio, la televisión de Telefónica por ADSL. Los tres primeros meses son gratuitos y luego puede elegir un paquete desde 3 euros donde podría ver todas las cadenas generalistas, las autonómicas de todo el país y la televisión por TDT. Por algo más, tendría opción al pay per view para poder visionar partidos de fútbol y películas de estreno, 85 cadenas donde ver películas, series y todo tipo de documentales. ¿Qué le parece don Emilio?

-         Pues mire, hasta que no tenga lo del ADSL resuelto no pienso contratar nada más.

-         Muy bien don Emilio, por favor no cuelgue todavía. Le van a hacer unas preguntas sobre la ayuda que le prestado. Buenos días y gracias por llamar a Telefónica.

-         Por favor, del 1 al 9 valore el grado de satisfacción de las respuestas de nuestros operadores a su llamada. Si nuestro operador le ha ofrecido algún producto para mejorar sus comunicaciones marque el 1. Muchas gracias por su colaboración. Buenos días.

-         Disculpen de verdad. Ya sé que están esperando que comience el monólogo pero es que este tema me corre mucha prisa. Voy a hacer la llamadita al 1002 y ya me pongo con ustedes.

-         (Emilio marca el 1002). Sí hola…. (Emilio se interrumpe para escuchar la voz pregrabada de Telefónica).

-         Bienvenido a Telefónica de España. Si tiene una avería en su línea ADSL por llame al 902555555. Si tiene otra avería dígala alta y clara a continuación.

-         Hola. Me llamo Emilio, acabo de llamar al 1004 para ver qué pasaba con la instalación de mi ADSL y me han dicho que mi petición ya estaba resuelta y que les llamase a ustedes.

-         (La voz programada). Lo sentimos pero no hemos entendido su petición. ¿Puede repetirla alto y claro, por favor?

-         ¡Que quiero mi ADSL coño!

-         Buenos días. Le atiende José Martín, ¿en qué puedo atenderle?

-         Mire, acabo de hablar con sus compañeros del 1004. Yo solicité la instalación de una línea ADSL hace una semana y no ha venido nadie. Me han dicho que hable con ustedes porque mi petición dicen que consta como resuelta y es evidente que no lo está.

-         Muy bien. Por favor, dígame el número de teléfono fijo para el que solicita el ADSL.

-         El 956700900.

-         El nombre del titular de la línea, por favor.

-         Mi señor padre. Emilio Gómez Tenaz.

-         Gracias. ¿El DNI?

-         El 4847737281Ñ

-         ¿Y la dirección, por favor?

-         Calle Corredera, 21 en Arcos de la Frontera, Cádiz, España, Europa… Por favor, esto ya me lo han pedido en el otro sitio. ¿Es que no tienen forma de pasarse los datos de operador a operador y no volvernos locos a los usuarios?

-         Disculpe don Emilio pero los requisitos para comprobar la identidad del titular de la línea son estos. Muy bien, y me dice que ha solicitado una línea ADSL.

-         Así es. Hace una semana.

-         Estupendo. Un momento, por favor,

-         (Vuelta la musiquita de fondo y los mensajes de disculpen la espera, enseguida estamos de nuevo con usted). Hola de nuevo Don Emilio, lo sentimos pero en estos momentos el sistema informático está caído y no puedo revisar sus solicitudes. Si hace el favor de llamarnos dentro de unos minutos. Pero antes quería proponerle la contratación de Imagenio, la televisión de Telefónica por ADSL. Los tres primeros meses son gratuitos y luego puede elegir un paquete desde 3 euros donde podría ver todas las cadenas generalistas, las autonómicas…

-         (Emilio lanza un grito desesperado y cuelga el teléfono). No me lo puedo creer, no me lo puedo creer. Odio a Telefónica, a los contestadores automáticos, a los operadores y hasta a la propia ADSL. A la mierda la línea ADSL.

-         Discúlpenme señores pero como comprenderán, después de esta experiencia no me ha quedado cuerpo como para hacerles un monólogo. Lo siento y gracias.

 

Ángel Quero

Monólogo ¿Estamos seguros?

Hola a todos los paseantes  que deambulan por el espacio de Plumabierta. Soy Ángel, uno de los propietarios de Puerta del Sol. Estoy escribiendo un monólogo que espero pueda ser representado próximamente en nuestro café. Como agradecimiento, quería daros la oportunidad de leerlo antes que a nadie. Está calentito. Espero que os guste.

MONÓLOGO ¿ESTAMOS SEGUROS?

 

Supongo que todos los presentes tienen un seguro. Es más, estoy completamente seguro que la mayoría tiene contratado más de uno. Ahora lo normal es que cuando vas a pedir un crédito hipotecario, y ¿quién no tiene una hipoteca en su vida?, te obliguen a suscribir un seguro de hogar y otro de accidentes. Los bancos son así, siempre mirando por nosotros.

 

La cosa es que como la mayoría de las veces te obligan a contratarlos no sabes bien para cuándo te sirven ni para qué cosas. Tú los tienes ahí y un buen día se rompe algo de casa y es cuando dices: “¡Oye, espera, voy a ver los papeles del seguro. A lo mejor esto entra y nos lo arreglan!”.

 

Pues bien. No sé si se han tomado alguna vez la molestia de coger su póliza, leerla e intentar comprender qué cosas (contingencias, como dicen ellos) son las que su seguro cubre y cuáles no. Vamos, intentar saber en qué cosas nos va a echar un cable la aseguradora y en cuáles nos va a decir que nos lo arreglemos nosotros mismos.

 

Yo lo he hecho. Un día se nos rompió una puerta de paso de la casa y llamé al seguro para ver si nos la arreglaba. Yo me sentía optmista. El primer contacto con el librito que acompaña a la póliza daba la impresión de que toda nuestra vida estaba asegurada. Continente, contenido, daños estéticos, responsabilidad civil, robo… Así que, como les decía, llamé por teléfono.

 

¿Qué qué paso? Como imaginarán la respuesta fue:”¡No!, lo siento. Esa contingencia está recogida en las excepciones. Página seis, artículo 3.1. Para que les cubriese deberían tener contratada la póliza modalidad platinum”.

 

Mi sorpresa no fue tanto que me dijeran que no, sino lo que leí al coger la póliza para comprobarlo. Ahí fue donde me di cuenta que el grosor del librito de la poliza se debe efectivamente a las excepciones. Hay más espacio dedicado a explicar las cosas que se quedan fuera de cobertura, lo que llamamos habitualmente “la letra pequeña”, que el que se dedica a las que realmente entran.

 

Efectivamente. La rotura accidental de una puerta no se cubría pero, y aquí entramos en la parte curiosa de los seguros, sí lo habría hecho si el daño lo hubiera provocado, y lo digo literalmente, tal y como viene escrito en la póliza: “una aeronave u otros objetos y ondas sónicas o turbulencias producidas por ellos”.

 

Vamos, que puedo estar tranquilo. Si un avión, trozo de meteorito o una onda sónica (esto me suena a los superpoderes de los cuatro fantásticos o Superman) afecta a mi casa, el seguro estará ahí para sufragar todos los gastos. ¡Supermanes del mundo, ya no os temo!, mi seguro me salvará de vuestras fechorías.

 

¡Hay que ver cómo son las aseguradoras! No te arreglan una puerta rota por un accidente casero pero te aseguran contra los daños de que te caiga encima un trozo de la estación espacial MIR. Claro, lo que debí hacer es contarlo de otra manera, algo así como: “Hola señorita o señorito: Mire, acaba de entrar una nave estelar por la ventana y ha chocado contra la puerta. La nave ha repostado y ya se ha ido pero la puerta me la han dejado echa puré”. Entonces es cuando me hubieran hecho caso y me habrían reparado los desperfectos.

 

De la misma forma leí que podíamos estar tranquilos si se nos ocasionaba algún daño por actos de vandalismo, acciones tumultuarias y huelgas legales. Vamos, que si entra en tu casa una banda de orcos asesinos o una manifestación (eso sí, legalmente autorizada) convocada por “Ce Ce OhOh” (como decía Urdaci, aquél presentador de televisión) y te rayan el parqué con las hachas y las pancartas no tienes porqué preocuparte que el seguro está ahí. Pero como lo fastidies moviendo el tresillo para poder pintar la pared, la cagaste burlancaster. Ya saben, nueva llamadita:

 

-“Hola. Que soy el cliente de la nave estelar. No se lo van a creer pero ayer aparecieron por aquí Frodo, Légolas y de pronto se empezaron a pelear con un montón de enanos. Me han dejado el parqué para acuchillar de nuevo”.

- “¿Qué si tenían permiso municipal para manifestarse? No hombre, yo creo que esto entra dentro de acción vandálica o tumultuaria. Llevaban hachas y espadas, ¿sabe?”.

 

Mi seguro también nos cubre el robo de joyas y dinero. Eso al menos creía yo antes de leer con atención la maldita póliza. Porque, para que te cubra realmente de un posible hurto debes tener: Primero, un sofisticado sistema electrónico de seguridad y, segundo, una caja fuerte de al menos cien kilos, construida de acero templado, empotrada en la pared y con varios dedos de cemento armado alrededor. Vamos, que para tener estos medios de seguridad debería antes vender todas mis joyas. Eso sí, luego ni la banda del Clooney y Brad Pitt se atrevían a poner un dedo sobre mis pertenencias.

 

Una de las cosas buenas que tienen los seguros del hogar es que, en principio, también estamos amparados para poder hacer uso de los servicios jurídicos que nos proporciona el seguro de responsabilidad civil. Vamos, que si tienes un problema legal, en teoría te pagan a un abogado y los gastos que conlleve un proceso judicial que emprendas.

 

Eso sí, si nos fijamos en las excepciones veremos que no nos ayudarán para afrontar las cosas más comunes: sanciones de tráfico, es decir, las multas; reclamaciones a compañías proveedoras de energía (gas, electricidad, teléfono, agua); ni aquellas que tengan que ver con la Administración (Hacienda o ayuntamientos, por ejemplo), o la jurisdicción laboral (los problemas del curre) o los problemas que tengamos con empresas constructoras.

 

Es decir, que el 95 por ciento de las cosas que nos pueden afectar negativamente en nuestra vida no tienen defensa por parte de nuestro seguro. Para poder hacer uso del seguro de responsabilidad civil hay que vivir en una cueva, en medio de campo, sin coche y no trabajar por cuenta ajena, o sea, ser un hombre del Neardental o, si nos trasladamos a tiempos más modernos, convertirse en un okupa.

 

Qué le vamos a hacer. El seguro del hogar y de responsabilidad civil son así. Pero al de vida no se queda atrás. Oye, que tienen todo previsto. Qué listos son estos señores que escriben la letra pequeña de los seguros. Por ejemplo, no se te ocurra suicidarte en el primer año de vigencia del seguro que no te lo pagan. Y otro dato a tener en cuenta, tampoco te cubre si el accidente es haciendo navegación submarina (lo siento comandante Custeau) o en viajes de exploración (lo siento Willie Fog) o formando parte de una prueba deportiva (por eso nunca he querido formar parte de ningún equipo).

 

Para el tema del seguro de vida han hilado tan fino que establecen el dinero que te tienen que dar según lo que afecte un accidente a cada miembro de tu cuerpo. Que te cortas un dedo, pues según qué dedo, si es de la mano o del pie, y cuántas falanges te hayas cargado, te ofrecen una suma de dinero. Ellos tienen un cuadro que llaman de invalidez. Según lo que te haya pasado, pues así te cotizan.

 

Contemplan desde la pérdida del dedo gordo del pie y todos y cada uno de los de las manos hasta la pérdida del olfato y del gusto. Eso sí, si te mueres por SIDA, te da un síncope, una embolia, sufres una hemorragia o la palmas de una enfermedad profesional, lo sentimos pero el seguro ya no corre con los gastos. A ver, que si hay que morirse por favor elijan alguna forma original de hacerlo. Por cierto, si el deceso ocurre en un accidente de coche, ya sea como conductor o como peatón, asegúrese de no haber bebido porque si supera los límites legales, tampoco hay compensación. Ya lo decía Stevi: “Si bebes no cobras”, aunque estés asegurado.

 

Eso sí, yo que soy de natural optimista, en el tema de seguros lo esencial creo que lo tengo cubierto. Si choca una aeronave, la de Star Trek, un suponer, contra mi casa y te la deja como el castillo de Espera, y uno de los fragmentos de la nave te corta el dedo gordo del pie derecho, no hay de qué preocuparse porque, además de correr con los gastos de reconstrucción, te pagan un 20 por ciento de la póliza de vida por el dedo.

 

Pero fijaos cómo estos de los seguros piensan en todo y no se les escapa nada. Figúrate tú, en ese trance, con la casa demolida y sin el dedo gordo del pie. ¿Qué es lo primero que pone a mi disposición la compañía aseguradora? No os lo vais a creer: un aparato de televisión y vídeo durante quince días. Quién puede pedir más. Bueno sí, que en lugar del vídeo me presten un DVD, que el vídeo ya parece cosa del pasado, ¿no?.

 

Ángel Quero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Años y más años...

... Y por más que pasen me hace feliz (y mucho!) encontrarme con la sonrisa de mis amigos. En el momento que decides dejar tu tierra no eres consciente, del todo, de lo que ello implica. Sabes que será duro. Sabes que empezar no será fácil. Pero no te imaginas que también lo será continuar (y no sólo empezar...).

Podría hacer la cuenta (de hecho, hace años que la llevo contando...) pero no me apetece. Sé que son muchos ya... y tengo la sensación (a veces horrible) de que quedan muchísimos más. 

Gracias a Dios (en ocasiones me gusta darle las gracias... culparle de todo lo demás es más cotidiano) voy teniendo la ocasión (que se va repitiendo) de volver a mi tierra. Y en esas ocasiones vemos nuestro crecimiento (manera diplomática de llamar al hecho de envejecer). Nuestros kilos de más... nuestros pelos de menos... nuestra estabilidad laboral... nuestra inestabilidad hipotecaria... Pero ellos siguen ahí.

Pasan los años (esto ya lo he dicho) pero se siguen alegrando de verme y yo de verlos. Van apareciendo, a veces, de manera casual y otras más intencionada. Kiko... Pérez (qué raro es ver la zeta que nunca pronuncio) Pedrín (me cuesta quitar el diminutivo) David, Jorge, Faro... La lista no es excesivamente larga... eso no es importante. Y lo que me sigue sorprendiendo es que no pierden la oportunidad de hacer el bien.

Uno va haciendo lo que buenamente puede. Tiene ilusiones y las comparte. Hay quien las pone en un blog y hay quien intenta lo que, en nuestro país, parece una misión imposible. Cantarlas y esperar que alguien diga que le gusta y que está dispuesto a pagar por ello. Pero centrándome en el tema, no quiero perder la ocasión de este espacio para daros las gracias a todos. A los que recomendasteis mi trabajo y a los que os dejasteis llevar por la recomendación. En ambos casos sé que lo hicisteis de corazón y espero no haberos defraudado. Creo que al final lo importante es el fundamento de este blog: compartir.

Abrazos para todos sin dejarme a nadie.

Julián Candón. 

www.myspace.com/juliancandon