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Reflexiones. Opinion

Un conductor cabreado

¡Esta vez me han tocado los cojones!

   Vale que tengamos que aguantar a la guardia civil apostada tras los setos como cazadores de tiro al pichón. Vale que tengamos que aguantar  los “80” “60” en escasos 20 metros con el riesgo de que si hay un “cazador” cerca te pillen. Vale que tengamos que aguantar las limitaciones absurdas (100 en recta de autovía ¿es lógico?) Pero que ahora no te dejen pasarte ni 1 km/h del límite es hilarante. Estos personajillos que instauran estas leyes se supone que habrán estudiado ciencias políticas, pero de “ciencias” no tienen ni puta idea. Un principio elemental de cualquier ensayo científico impone que para que el resultado sea válido hay que conocer el margen de error de los aparatos de medición que usemos, ya que por muy precisos que sean, todos tienen un margen de error (que sea más o menos aceptable es otra cosa)

Me imagino que junto a la multa vendrán un certificado de un laboratorio independiente confirmando que el radar utilizado para cazarme tiene un margen de error del 0% y otro de que el velocímetro colocado en su día en el modelo de coche que uso tiene también un 0% de error.

 ¡A que no hay huevos!

   Vamos a ver señores. Yo tengo un G.P.S. que me da mi velocidad calculada por satélite y rara vez coincide con mi velocímetro (marca más). En algunos lugares hay aparatos que te indican a qué velocidad viajamos y tampoco coinciden (marcan menos). Mi mujer pone el regulador a 120 y mi coche a sus parejas, marca menos ¿de cuál me fio? Ya bastante lentas son las limitaciones de nuestras carreteras para ahora tener que ir por debajo de ellas para estar algo más seguros.

   Para los que salen a la carretera los fines de semana a lo mejor no les importa mucho porque con un poco de cuidado……. pero…. ¿y los que nos hacemos más de 5000 kilómetros al mes por cuestiones de trabajo? Es mucho más fácil que incluso con cuidado te despistes y te pillen. Y como perdamos todos los puntos ¿de qué viviremos?

   Luego está el tema de la recaudación. No se cansan de decirnos que todo va a ir a una cuenta especial que servirá para mejoras de seguridad en las carreteras (o algo así) y que por tanto no es para llenar las arcas del estado. No nos engañemos señores, esas “mejoras” le hubieran correspondido al ministerio de fomento y por tanto al ahorrárselo, sí estamos llenando las arcas del estado.

Bueno os dejo que hoy tengo un largo camino por delante y no puedo pasar de 90

Ésto mismo y más en mi blog.

RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

HUELGA DE METRO EN LONDRES

 

Esta semana he tenido que pasar un par de días en Londres, y cual no fue mi sorpresa cuando me enteré, una vez allí, de que había sido convocada una huelga de metro exactamente para esos días; el metro, que desplaza a tres millones de personas diariamente. Menos mal que no la convocaron para un día antes, si no, aun no sé dónde hubiera pasado la primera noche, la noche del lunes.

El caso es que la huelga comenzó el martes a las 19:00 -las siete de la tarde, vamos-.

Bien, la experiencia es para vivirla.

Podría hablaros de cómo necesité tres horas en autobuses urbanos para hacer un recorrido que normalmente dichos autobuses llevan a cabo en hora y media. Toda una prueba para la paciencia de cualquier persona, sobre todo si debes coger un avión que no espera. Los autobuses iban pisando huevos, el centro de la cuidad era un caos.

No obstante, me apetece más contaros un pequeño episodio, referente a un recorrido en metro que hice la tarde del martes, cuando apenas faltaba una hora y media para que el paro diese comienzo.

Más que una huelga, a esa hora tuve la impresión de que se hubiese decretado toque de queda.

La gente iba como loca hacia las paradas de metro que, lógicamente, se colapsaron. Nadie quería que el temita le cogiese en la calle, sin estar "a salvo", cerca de su casa; "Tonto el ulti", que sería el lema.

Además, para muchos era la hora de dar de mano, y como me encontraba en la zona financiera, me vi repentinamente rodeado de chupatintas bien trajeados, aunque no faltaba tampoco algún que otro hortera para que aquello no dejase de ser Londres, por supuesto. Estábamos allí, todos apretaditos en el túnel, con una calor del carajo, y sin podernos mover mucho o casi nada, mientras una voz procedente de los altavoces insistía en pedir disculpas debido a las molestias ocasionadas; y es que en este país son muy educados, no faltan los buenos modales ni cuando le dan a uno por el culo, da gusto -lo de los buenos modales, quiero decir, no lo otro-.

Pasados unos minutos, por suerte menos de los que esperaba que podría haber durado aquello, pude por fin acceder a los andenes. Pero eso no fue todo, aun quedaba pendiente un segundo reto: ¿Quién es ahora el guapo que se sube a un vagón? De nuevo el lema: "Tonto el ulti".

Una vez en el andén, a pesar de encontrarme cerca de la vía, acceder al metro no era tarea fácil. En apenas un minuto llegó uno, petado como una lata de sardinas. Al abrirse las puertas, parece ser que casi nadie tenía interés en apearse allí, en la parada de Bank; o eso o que no podían bajarse, enganchados como estaban los unos a los otros. Sólo unos cuantos "afortunados" procedían a ocupar los escasos huecos disponibles como si fuesen fichas de tetris, y pasados unos segundos... a huir, la lata de sardinas salía zumbando.

Afortunadamente no tardaba en llegar otra lata. La multitud -pues éramos más de tres- estaba tan pegada a la vía que aun no me explico cómo no se llevaron a nadie por delante. Total, que a la cuarta vino la vencida, al menos para mí.

Tenía aun medio cuerpo fuera del vagon, intentando averiguar si podría entrar entero o si tendría que hacer el trayecto en dos viajes cuando, de pronto, la misma voz que pedía disculpas por los altavoces -la misma voz o la voz de su prima- dijo aquello de: "Tengan cuidado con la puerta". ¡Joder que si debía tener cuidado! Me las vi cerrándose a toda hostia, y yo aun por entrar del todo y sin posibilidad de retroceder. No tuve más remedio que dar un empujón hacia dentro como buenamente pude. Logré entrar, sí, con las puertas rozándome las posaderas -o sea, el culo-, pero entré, convirtiéndome así en sardina, en ficha de tetris o en ensayo de londinense novato, vayan ustedes a saber.

Una vez dentro, había junto a mí un hombre con turbante que se las había visto y deseado al igual que yo. Por unos momentos aquel desconocido y servidor habíamos compartido un mismo destino -qué profundo-: Hacer el gilipollas en el metro de Londres. El pobrecito iba todo encorvado amoldándose a la forma del vagón -dudo mucho que él fuese así de curvo en condiciones normales-, pero es que yo iba igual. Delante de mí, otro hombre, aparentemente más joven que el anterior, muy moreno, vestido de negro y con paraguas, me sonrió como diciendo "¡Vaya película!", a lo que yo, ahora que lo pienso, con otra sonrisa levemente diferente para así modificar el contenido del mensaje, en un acceso de pedantería le debería haber contestado: "No se confunda, señor, para la película faltan, al menos, tres elementos imprescindibles: Un hombre misterioso con un maletín igual de misterioso y que se cree que todo el mundo sospecha de él porque en realidad el tipo no es más que un mierdecilla, una mujer presa de un ataque de histeria a la que se le quitan las tonterías con una bofetada, y por supuesto, el elemento estrella: La mujer embarazada, siempre tiene que haber una mujer embarazada. Ah, bueno, y tampoco estaría nada mal un poli de incógnito con la mision de trincar al mierdecilla del maletín" Lo sé, con esto de la película se me ha ido un poco la pinza, pero no pienso borrarlo, es lo que hay.

Llegados a ese punto de complicidad -es lo que tiene rozarse con extraños- mis preocupaciones se redujeron en ese momento a sólo una: Que a ningún hijoputa le diera por peerse. Puede parecer vulgar, pero admito que lo pensé. En situaciones así la mente se centra en todo lo relacionado con la supervivencia, y la contaminación del poco oxígeno disponible era un asunto muy serio.

El viaje, afortunadamente para mí, apenas duró unos minutos. En Liverpool Street había quedado con Cecilia, que llegó más o menos al mismo tiempo que yo. Y aunque el plan inicial era asistir a un concierto que iba a tener lugar en una tienda de discos, debido a la suspension de éste acabamos en Café 1001, un local muy apacible y en el que se suelen organizar actividades culturales de diferente índole. Allí, tranquilamente y sentados en un sofá, pasamos la tarde entre café, cerveza, y hablando de nuestras cosas.

Sin duda, esto último fue lo mejor de mi fugaz visita a Londres.

 

 

 

 

 

 

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RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

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BAJAS POR DEPRESIÓN

(y 2)

 

 

El pasado domingo, quedó pendiente hablar del papel que juega la empresa cuando uno de sus empleados se da de baja por depresión. Vamos, pues, a ello.

A los ojos de la empresa -y, tristemente, incluso de los compañeros de trabajo- un empleado dado de baja por depresión es siempre un empleado sospechoso, y se sabe que la baja va para rato.

A la empresa, que carece por completo de escrúpulos y que ve en juego sus intereses económicos, una baja por depresión le jode, le jode, y mucho.

A partir de los quince días de baja, el enfermo pasa por un médico de la mutua de la empresa, que lleva a cabo revisiones. Y digo yo, ¿el paciente no tiene ya su propio médico?, ¿qué falta le hacen estas revisiones?

Está claro, no hay que ser un lince para darse cuenta. El empleado es sospechoso de estar fingiendo, y como tal sospechoso, en realidad es sometido a "inspecciones", aunque se pretenda maquillar y lo llamen "revisión".

El médico de la mutua, ejercerá en estos casos de inspector más que de médico, buscando el fraude si lo hubiere, y considerando al enfermo apto para el trabajo lo antes posible, ya que también están en juego los intereses (por supuesto, económicos) de la mutua. Y es que la mutua es otra empresa, por si no habían reparado en el detalle.

Mientras tanto, en medio de todo este baile de intereses económicos, nos olvidamos de que hay un serio problema de salud, un ser humano sufriendo una depresión, lo cual no es moco de pavo.

No quiero pecar de inocente y admitiré que también es cierto que el engaño existe, y que muchos trabajadores fingen sufrir depresión para conseguir una baja, sobre todo teniendo en cuenta que pertenecemos a un país, España, en el que la picaresca está tan asumida, que culturalmente se considera tonto a quien no comete fraude.

Pero si prestamos mínimamente un poco de atención a estos casos, encontraremos que la mayoría de las veces el trabajador no recurre a esta medida por vocación, sino que lo hace como un medio para vengarse de su jefe, que le ha estado puteando a base de bien.

¿Se justifica, entonces, el fraude? No, por la sencilla razón de que estos vengadores, además de joder a su jefe (si es que lo consiguen), joden a los que realmente sufren depresión, pues han dado lugar a un recrudecimiento en las medidas de detección del posible fraude, lo cual no beneficia en absoluto al enfermo. Es más, hay personas que, cayendo en una depresión real, no se atreven a darse de baja y se lo piensan dos veces antes de obtenerla, pues temen las presiones que se avecinan, y dado su estado no les apetece lo más mínimo una situación conflictiva de ese tipo.

El caso es que es habitual que esta película acabe en despido improcedente.

El empleado denuncia a la empresa, esta paga una indemnización y se quita por fin al muerto de encima, después de haberle obsequiado con un generoso surtido de disgustos, tensiones y preocupaciones, así como poniendo en tela de juicio su honestidad al tratarle siempre bajo sospecha. Todo esto, basta con dos dedos de frente para saberlo, no favorece para nada la recuperación de un enfermo que lo último que necesita es precisamente que le compliquen la vida. Es como si yo, permítanme el ejemplo, me encontrase de baja por un problema testicular y la empresa pretendiera obligarme a acelerar mi recuperación golpeándome en los huevos con un bate de béisbol. Además de doloroso, sería absurdo, ¿no creen?

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RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

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BAJAS POR DEPRESIÓN

(1)

 

Soy partidario de la brevedad en los artículos de opinión, ser conciso e ir al grano de lo que se quiere comentar. Pero hay ciertos asuntos en los que, debido a los diferentes elementos que se ven implicados, es conveniente extenderse un poco más.

Es por eso que al tema de las bajas por depresión, que me interesa bastante porque no deja de sorprenderme lo cutres que podemos llegar a ser, he dedicido tratarlo en dos entregas.

Aclarado este punto, empezaré diciendo que la depresión es un trastorno mental que, en algún momento de la vida, puede acabar afectando a más del 10% de la población.

Incapacita a quien la padece, ya que el depresivo pierde el interés y el entusiasmo por todo, o casi todo. Sufre lo inimaginable y, en casos extremos, la depresión puede acabar en suicidio, o dicho de otro modo, en muerte. Parece ser, por tanto, que estamos ante un tema muy serio con el que no deberíamos jugar.

¿Qué ocurre, entonces, en España, cuando un trabajador cae en depresión?

Pues bien, va al médico -de la Seguridad Social, se entiende- y éste le receta unos antidepresivos -por ejemplo, fluoxetina; conocida popularmente por la denominación comercial Prozac-, al tiempo que le aconseja que se distraiga, y le da de baja laboral.

Pero detengámonos un momento en este punto, el tratamiento.

En España aún existe un enfoque jerárquico entre dos disciplinas que en mi opinión deberían ser tratadas, paralela o conjuntamente, al mismo nivel. Hablo de la Psiquiatría y la Psicología. Aún se da prioridad a los psiquiatras sobre los psicólogos, al menos en los casos que yo he conocido, no puedo hablar de los demás.

Tengo constancia de más de un paciente que ha solicitado a su médico ser tratado por un psicólogo, y el médico, estando completamente de acuerdo en que, efectivamente, eso sería lo más apropiado para su caso, le ha dicho: "Lo siento, pero eso no puedo decidirlo yo. Lo único que puedo hacer es enviarle a un psiquiatra, y si el lo cree oportuno, entonces le remitiría a un psicólogo".

La filosofía que subyace aquí, a mi entender, es que si la depresión se puede arreglar con fármacos, pues mejor. Es más rápido, más económico, y el paciente puede regresar al tajo antes, lo cual beneficia tanto a la empresa -a la que prestaremos especial atención la próxima semana- como al propio Estado. Pero, ¿beneficia al enfermo?

No voy a negar la eficacia de los antidepresivos. Al contrario, cumplen su cometido. Pero en multitud de ocasiones, una vez concluido el tratamiento farmacológico, sólo es cuestión de tiempo que surja una recaída, un nuevo episodio depresivo que, por lo general, tiende a ser más grave que el anterior, dada la frustración que supone caer nuevamente en depresión.

Y es que, en el afán por lograr una recuperación lo más inmediata posible, que permita el regreso al puesto de trabajo (=producción), nos hemos olvidado de que no estamos hablando de máquinas industriales que se arreglan con un "parche" y ala, a seguir funcionando. Estamos hablando de personas, personas con problemas pendientes de resolución que han sido totalmente dados de lado, y que en muchas ocasiones son los desencadenantes de un episodio depresivo.

Un fármaco puede ayudar a un paciente a sentirse mejor, pero no le orienta, no le enseña a enfrentarse a la vida de un modo más saludable, no le ayuda a resolver esos conflictos que le han empujado a la depresión. Superar dichos conflictos -baja autoestima, sentimientos de culpabilidad, no aceptación de la pérdida de un ser querido, etc.- es una tarea que el paciente debe asumir como propia, siendo ideal la orientación y el seguimiento, claro está, de un buen psicólogo; un psicólogo que, al menos al inicio de la terapia, le pueda atender semanalmente, y no una vez al mes, como es habitual en nuestra Seguridad Social, si es que dicha atención acaba teniendo lugar.

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MESAS ELECTORALES

 

A raíz de haber sido convocado para formar parte de una mesa electoral el próximo día 7 (cita a la que no puedo acudir por residir actualmente en Escocia), he estado bicheando un poco por Internet y me he encontrado, entre otras cosas, con el interesante caso de Francisco J. Cuevas, un anarquista jerezano que en 2004, viéndose obligado a formar parte de una mesa electoral, se presentó a ella con una camiseta en la que rezaba el siguiente texto: "En democracia; estoy aquí en contra de mi voluntad y bajo amenaza de ir a la cárcel. CNT". Francisco fue detenido y juzgado por ello. Yo he recibido exactamente la misma amenaza. Si la Junta Electoral desestimara mi justificación para no participar, estoy expuesto a multa, que de no ser pagada, parece ser que me llevaría al talego durante un mes, por niño malo y desobediente, cuando la realidad es que no puedo y no hay más cera que la que arde.

El caso es que tres años más tarde, en 2007, Francisco fue convocado nuevamente. En esa ocasión se declaró objetor de conciencia, objeción que fue rechazada.

Y algunos de ustedes se preguntarán, ¿objetor de conciencia? Pues sí, objetor de conciencia. Obligar a un anarquista a formar parte de una mesa electoral atenta contra sus principios; es como si a un católico convencido de los dictados de la Iglesia le obligan a distribuir condones en el tercer mundo, le duele sólo con pensarlo.

Me gustaría que se hiciesen una idea de lo que el temita suponía para él, para Francisco. No les pido que compartan su opinión (eso es cosa de cada cual), sino sólamente que lleven a cabo un pequeño ejercicio de empatía. Al tratarse de un anarquista, votar en unas elecciones va en contra de sus principios pues, según su ideología, está en desacuerdo con el sistema electoral. Por lo tanto, lo coherente, desde su punto de vista, es no participar en ellas. Si rechaza la sóla idea de acudir a las urnas, imagínense lo que puede suponer que, además, le obliguen a formar parte de una mesa electoral, o sea, a formar parte activamente del sistema con el que no comulga y contra el que además, lucha desde su posición ideológica.

Con todo esto quiero llegar a dos cuestiones.

La primera es que al Estado, con tal de mantener su tinglado en pie, le importa más bien poco o nada los principios ideológicos de las personas, es totalmente ajeno a sus sentimientos. Para mantener ese modelo al que denominan cínicamente "democrático", se recurre a la represión. Es lo que han hecho siempre todos los sistemas políticos, fuesen del color que fuesen, pero a mi entender, en el caso de la democracia, esta práctica resulta más grave aun.

Si a mí me obligan a hacer algo en contra de mi voluntad durante un régimen fulanista, lo puedo entender (que no justificar) porque, al fin y al cabo, estos regímenes son así y no es ningún secreto para nadie. En ellos no hay hipocresía, los cojones del General Fulano sobre la mesa pesan, eso es lo que hay, todo el mundo sabe a qué atenerse y punto en boca. Ahora bien, que a un ciudadano le obliguen a algo que va en contra de sus ideas, bajo amenaza de cárcel, dentro de un sistema democrático que se vanagloria de respetar las diferentes ideologías, me parece, además de una clara muestra de despotismo, una falta de vergüenza descomunal que atenta contra los principios, no sólo del individuo, sino de la propia democracia. La democracia se traiciona a sí misma, muere, se autodesintegra, se suicida con este tipo de leyes represoras.

La segunda cuestión es por qué el Estado ha tenido que llegar a tomar estas medidas. Desde mi punto de vista, es sencillamente porque el Estado da por hecho que la población es políticamente irresponsable. Es consciente de que los ciudadanos ya no creen en el sistema electoral y que cada vez pasan más de él, siendo creciente la tendencia a evitar la participación, bien por motivos ideológicos, bien por pereza (lo que abunda bastante en nuestro país), o bien porque la gente ya esta harta de los políticos, que se han ganado a pulso el hastío de la ciudadanía a base de mentiras, corrupción y manipulaciones de todo tipo. La gente está más que cansada de que los políticos discutan acaloradamente por gilipolleces mientras la casa sigue por barrer, y las verdaderas necesidades de la población por cubrir.

Si los ciudadanos en general nos identificáramos con el sistema, si tuviéramos fe en él y realmente lo consideráramos un patrimonio digno de nuestra involucración, no sería necesario recurrir a las amenazas como si fuéramos unos críos, ya que los voluntarios saldrían de debajo de las piedras.

Lo triste es que, a pesar del progresivo crecimiento de la apatía general hacia el sistema electoral, el Estado no se plantea medidas que lo mejoren, que lo hagan más transparente y justo para así recuperar el entusiasmo de una población a fecha de hoy desencantada, sino que recurre a lo más directo y fácil, o sea, a medidas más propias de una dictadura. Siempre es más fácil extorsionar que hacer autocrítica e intentar mejorar. Por lo tanto, no me extrañaría nada que si las cosas siguiesen el curso que han tomado, el día que los mandamases viesen que ya no vota ni el que inventó la urna, impusiesen también el voto obligatorio, como tristemente ya sucede en otros países. Ahora, eso sí, lo harían por nuestro bien, por el bien de la democracia y por nuestra libertad. Esta se haría más fuerte, y la mentira en la cual vivimos, también.

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RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

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ANTONIO VEGA

(In Memóriam)

 

El pasado martes falleció Antonio Vega, uno de los mayores exponentes del panorama musical español de los últimos treinta años, tanto en su etapa con Nacha Pop (1980-1988), como en su carrera en solitario (desde 1991).

Dicen -lo dicen los médicos, que de esto saben un montón- que ha muerto a causa de un cáncer pulmonar.

Que se tratase de un cáncer, un infarto de miocardio o una dolencia de nombre impronunciable, para mí, no se lo tomen a mal, es lo de menos.

Parece ser que para morir necesitamos un diagnóstico médico. Nadie nos deja escaquearnos de este mundo porque sí, sin más, sin ofrecerle antes a los doctores la oportunidad de una explicación, una excusa que puedan transmitir a los demás sobre por qué nos hemos ido.

Pero en el caso de Antonio Vega, quizás seríamos más precisos si nos remitiéramos a un diagnóstico poético (sí, sí, he dicho poético): Antonio Vega ha muerto de sí mismo, y llevaba años muriéndose. Sólo era cuestión de acordar una fecha para hacerlo oficial, y esa fecha fue el pasado 12 de Mayo, como podía haber sido otra cualquiera.

Padecer de uno mismo es una afección muy común entre poetas, y es que a nadie se le escapa que Antonio Vega, aunque pase a la posteridad como músico, era, ante todo, un poeta -de los de verdad, quiero decir-.

Sus colegas de profesión se referían a él como "Ese Chico Triste y Solitario", incluso titularon así un disco tributo en su honor.

Antonio Vega era un hombre introvertido, de una gran sensibilidad, y supongo -pues no le conocí- que de pocas palabras. A través de su música - y sobre todo, de sus letras- encontró el vehículo ideal para exteriorizar, de algún modo, parte de su mundo interior, al que le concedió la palabra dotando a sus composiciones de un carácter intimista alejado de la superficialidad, a veces frívola, que impregna buena parte de la música Pop.

Por eso Antonio Vega gusta tanto y a tantos. Sus letras dejan las puertas abiertas a la interpretación de cada uno, por lo que cualquiera puede fácilmente hacerlas suyas y sentirse identificado con ellas.

Recuerdo la primera vez que supe de él, o que al menos fui consciente de su existencia.

Fue durante la primera mitad de los noventa, cuando vi el videoclip de "El Sitio de mi Recreo". Caí fulminado víctima de un flechazo, comprendí enseguida que me encontraba ante un gran compositor que era capaz de impregnar la música de poesía.

Aquellas imágenes, tipo vídeo casero, del jardín -quizás para acentuar la sencillez de la composición, que no simplicidad-, me evocó la idea de "el jardín secreto", quizás porque había algo de eso, de ese pequeño espacio íntimo en el que uno deja de ser con los demás para ser sencillamente uno mismo y con uno mismo. Esa canción, mágica, me ha acompañado desde entonces y me acompañará siempre, y nunca ha perdido un ápice de la emoción que sentí la primera vez que la escuché.

Una vez tuve la oportunidad -oportunidad que, por supuesto, no vacilé en aprovechar- de asistir a uno de sus conciertos. Fue en verano de 2005, en Los Viveros de Valencia. Cual no fue mi sorpresa cuando, al verle salir al escenario, comprobé lo que ya sabía: Antonio Vega estaba envejeciendo a paso galopante, y ante mí se presentaba como un anciano de solo 47 años de edad. Fue tan impactante, tan triste..., pero en seguida cogió la guitarra y se puso a tocar, como diciendo que si algún día había que morir, tendría que ser con las botas puestas, como de hecho así ha sido. Ofreció un magnífico concierto, que espero conservar en la memoria lo mejor posible.

El pasado martes nos dejó un virtuoso de la sencillez, un músico, un poeta, un maldito que lidió con la Muerte hasta que la Muerte le dijo aquí estoy yo.

Y se fue, dejándonos su obra, un puñado de canciones que son mucho más que eso. Son fragmentos, destellos, reflejos de un hombre que se llamaba Antonio Vega, y a quien hoy he querido dedicarle este pequeño homenaje.

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RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

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HOGAR, DULCE HOGAR

 

A María Rodríguez

 

Una ciudad se abandona en el tiempo que tarda un avión en despegar.

Pero el corazón, que no entiende de revoluciones tecnológicas, camina a pie, como los primeros nómadas.

Vuelves a tu tierra pero, paradójicamente, aún no has llegado.

Mientras tus familiares y viejos amigos te dan la bienvenida con los brazos abiertos y unas sonrisas que abarcan de oreja a oreja, tú aún no has terminado de despedirte de los que acabas de dejar. La despedida no es una situación, no se queda en un abrazo y un "Cuídate mucho", sino que es un proceso, un proceso interior.

El corazón nos va construyendo hogares allá donde vamos, y lo que es más hermoso, el corazón nos va construyendo hogares en las personas que vamos encontrando en el camino y que hacen parte del camino con nosotros, aquellas a las que llegamos a querer especialmente.

Y es que la Poesía -gran invento- existe, forma parte de nuestras vidas. La Poesía es un hecho y, entendida en su sentido más amplio, trasciende el diccionario, nos lleva a enriquecer la Lengua y a enriquecernos a nosotros mismos que, al fin y al cabo, somos quienes la empleamos. La Poesía nos hace comprender que el hogar puede no ser una dirección con su correspondiente código postal, sino un nombre con su apellido (o sus apellidos).

Insisto, la palabra "hogar" es hermosa, puede ir directamente asociada al cariño que procesamos hacia otras personas.

Y, ¿por qué limitarnos a otras personas? ¿Por qué no ir más allá? O mejor dicho, ¿por qué no ir más acá, al que en realidad debería ser nuestro punto de partida?

Me explico: ¿Qué hay del amor a nosotros mismos?

No estoy hablando, por supuesto, de la masturbación en solitario -otro gran invento-, sino de la autoestima, la piedra angular que nos permite amar a otros de un modo saludable y exento de posesiones.

Por lo tanto, no estaría nada mal considerar que el primero de los hogares debería ser uno mismo.

De este modo, vayamos donde vayamos, nuestro hogar irá siempre con nosotros. Nos sentiremos más seguros en vez de indefensos y, esa fortaleza, esa confianza en nuestras propias capacidades, nos permitirá afrontar mejor todo lo que se avecine, ya que a fin de cuentas, se dice que la vida son dos días.

 

RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

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FUNDACIÓN SAVE THE BANKS

(Salvemos a los bancos)

 

 

Una de mis asignaturas pendientes, y que me da a mí que seguirá pendiente durante algún tiempo, es la Economía.

Quizás porque me he criado en una familia humilde y carente de ambiciones económicas, ese mundo siempre me ha parecido de otro mundo, de otro planeta, y me ha causado cierto vértigo. Cuando me hablan de Bolsa en las noticias, no me entero mejor que cuando dos escoceses conversan entre sí, que ya es decir.

Por eso no me atrevo a analizar la recesión actual. Me causa mucho respeto. No me atrevería a decir, por ejemplo, qué medidas serían las más apropiadas para superarla. Por lo tanto, como no sé, me callo y dejo que lo hagan otros.

Pero ser un ignorante en materia económica no me convierte en tonto, y afortunadamente, sí puedo afirmar, sin cortarme un pelo, que tonto, lo que se dice tonto, no soy.

Lo que voy a decir a continuación no es nuevo ni original, no les voy a aportar en absoluto un novedoso punto de vista sobre el tema. Al contrario, seguramente lo habrán dicho o pensado muchos de ustedes; de hecho, no se trata más que de una opinión muy extendida, que algunos amigos y yo hemos compartido en conversaciones recientes.

Una crisis económica de esta envergadura no es una catástrofe que haya caído del cielo. No es un terremoto, no es una erupción volcánica en la que no se pueden buscar culpables. Una crisis económica como esta que nos ocupa, es consecuencia directa de unas acciones humanas -ya se sabe, causa y efecto-, permitida por el sistema capitalista actual.

Pero dicho así suena muy ambiguo, por lo que lo diré de otro modo, verán qué bien nos entendemos todos ahora y qué a gustito nos quedamos: Esta crisis es consecuencia directa de las malas acciones de cuatro hijos de puta que, abusando todo lo que han querido, se han forrado sin importarle lo más mínimo las consecuencias ni a quienes se llevaran por delante.

 

Lo que más me jode de todo esto, es que la gente de a pie coincidíamos hace mucho tiempo en que se veía venir. Lo sabíamos y lo decíamos, que tanto abuso no era normal, que antes o después la cosa iba a reventar por algún lado, que no hay burbuja que no explote, y que, como siempre, los damnificados serían los más pobres. Es lo que ocurre con las catástrofes, llámense terremoto, inundación o recesión, que los primeros en caer son los económicamente más débiles.

Pero en esta ocasión nos equivocamos, pues parece ser que no son los pobres los que necesitan ser rescatados primero.

Hay más de cuatro millones de parados en España, pero resulta que en esta catástrofe las víctimas que precisan de la ayuda más urgente no son ellos, son los bancos. Primero ocasionan la crisis poniendo en apuros económicos a la población, que las pasaba putas para llegar a fin de mes con las dichosas hipotecas (soga al cuello), y ahora me vienen con que deben ser rescatados porque, según cuentan, son los únicos que pueden reactivar la economía. Y digo yo, si necesitan dinero, que lo inventen, que eso se les da muy bien.

Lo que decía antes, que nos toman por tontos, del mismo modo que ya lo hicieron hace un año al afirmar que no había crisis, cuando todo el mundo sabía que sí. Y ahora nos toman nuevamente el pelo pretendiendo que nos creamos que los verdugos son las víctimas.

Para colmo, a pesar de la que esta cayendo, no he visto en los círculos oficiales absolutamente a nadie cuestionarse seriamente el sistema capitalista. Lo más radical que han propuesto los presidentes de los diferentes gobiernos ha sido eso que tan finamente han llamado "refundar el Capitalismo", y que aún no me he enterado de qué va, ni falta que me hace, pues ya los veo venir (¡qué asco me dan!).

Es lo que siempre ha hecho el Capitalismo, adaptarse a los tiempos con leves modificaciones que lo hacen parecer más humano, a la vez que se hace más eterno. Pero ya sabemos lo que viene después.

El Capitalismo siempre será Capitalismo del mismo modo que la mierda siempre será mierda, por mucho perfume que se le eche.

En fin, que en cuanto pase la tormenta, estos señores piensan seguir haciendo de las suyas.

Volverán a la carga, y aquí no habrá pasado nada.

 

Sigo...

Sigo...

…y sigo…sigo escribiendo, sigo observando, sigo aprendiendo, sigo tolerando, sigo respirando, sigo llorando, sigo riendo, sigo cerrando los ojos, sigo temblando, sigo soñando, sigo imaginando, sigo sintiendo, sigo... sigo viviendo....quizás me rescates algún día…pero mientras siga, todo ira bien

Terry

Leyenda personal (por Paulo Coelho)

Leyenda personal (por Paulo Coelho)

Os dejo un artículo del XL semanal que me ha parecido curioso.

 

Desafiando al maestro.

 

 




¿El pájaro está vivo?
El joven estaba concluyendo su periodo de preparación y muy pronto pasaría a enseñar. Como todo buen alumno, necesitaba desafiar a su profesor y desarrollar su propia manera de pensar. Así que capturó un pájaro, lo agarró con una mano y lo llevó hasta él:
–Maestro, ¿este pájaro está vivo o muerto?
Su plan era el siguiente: si el maestro contestaba `muerto´, él abriría la mano y el pájaro echaría a volar. Si la respuesta fuese `vivo´, él lo aplastaría entre los dedos. De esa manera, el maestro siempre estaría equivocado.
–Maestro, ¿el pájaro está vivo o muerto? –insiste.
–Mi querido alumno, esto va a depender de ti –es el comentario del maestro.


El aprendiz indeseable
–No tenemos puertas en nuestro monasterio –le comentó Shantih al visitante.
–¿Y qué pasa con las personas inoportunas que vienen a perturbar la paz del lugar?
–Las ignoramos y acaban marchándose.
–¿Nada más? ¿Y eso da resultado?
Shantih no respondió. El visitante insistió algunas veces más. Viendo que no obtenía respuesta, resolvió partir.
–¿Has visto como sí que funciona?, –se dijo Shantih, sonriendo.


El yogui y el loco
Nasrudin, el maestro loco de la tradición sufí, pasa frente a una gruta, ve a un yogui en plena meditación y le pregunta qué está buscando.
–Observo los animales, y he aprendido de ellos muchas lecciones que pueden transformar la vida de un hombre –dijo el yogui.
–Enséñame lo que sabes y yo te enseñaré lo que aprendí, pues, en cierta ocasión, un pez me salvó la vida –responde Nasrudin.
El yogui se queda asombrado: si un pez salvó la vida de aquel hombre, debe tratarse sin duda de un santo. Decide, por tanto, enseñarle todo lo que sabe.
Cuando termina, le dice a Nasrudin:
–Ahora que te he enseñado todo lo que sé, sería para mí un honor escuchar la historia de cómo un pez te salvó la vida.
–Fue sencillo. Yo estaba casi muriéndome de hambre cuando lo pesqué y gracias a él conseguí sobrevivir tres días.

Iluminación en siete días
Buda afirmó frente a sus discípulos: el que se esfuerza puede alcanzar la iluminación en siete días. Si no lo consigue, sin duda lo logrará en siete meses o en siete años.
Un joven se propuso conseguirlo en una semana y quiso saber cómo debía actuar. «Concentración» fue la respuesta. El joven empezó a practicar, pero diez minutos más tarde ya se había distraído y consideró que no estaba perdiendo el tiempo, sino habituándose consigo mismo.
Un buen día decidió que no era necesario llegar tan rápido a su meta, pues el camino le estaba enseñando muchas cosas.
Y fue en este momento cuando alcanzó la iluminación.

 

EsTaS y No EsTaS

EsTaS y No EsTaS

En nuestras manos esta el poder del cambio. Estas y no estas, y vuelven a repetirse las escenas…1...2...3...todo parece estar prohibido…4…5...y no se puede tocar. Vuelvo a pedirte lo mismo, pero tú, no sabes darme excusas ni de decirme la verdad…hemos nacido para caer, si, y que? para quejarnos, si, y que? para reír , para llorar, si, y que…desfallecer…y no volver a caer sin llegar a más. Desfallecer, voy a dejar de ser intentando parecer

... Te EsPeRaBa...

... Te EsPeRaBa...

¿Qué pasó contigo y con tu victoria reciente?…eran las 5, y algunos ciegos sin nombres te buscaban…y no me llamaste…y quizás haya sido un descuido por mi parte esperar que lo hicieras…ya se que el móvil no es tu fuerte y a mi se me hace a poco, siempre esta esa urgencia de que no se puede hablar mucho…como si ninguno de los dos se atreviera a cruzar la orilla (quizás nos quedo el miedo a las olas....) y encima escuchar sin poder mirarte. Parece que es más fácil escribir que decirlo…aunque prefiero tus ojos.

Terry

¿QUE PASA CON EL TIEMPO?

¿QUE PASA CON EL TIEMPO?

... venerado y odiado, no hace más que recordarnos lo efímero de nuestras vidas…un segundo, un minuto, una hora, un día... recorro un camino lejano a mi tiempo, vivo suspendido en el espacio y sin ser consciente de los ojos que me miran.

Grito tu nombre por no tener otra forma de llamarte, uno, dos, tres...

... sigo sin oír el paso del tiempo…

Terry

Otra forma de leer

En el año 1999 la revista británica "Nature" publicaba un artículo sobre un estudio realizado por dos profesores de la Universidad de California que revelaba que al leer no nos fijamos en una letra cada vez, sino que buena parte del tiempo los dos ojos se fijan por separado en distintas letras, y separadas entre sí.

Al moverse a otra letra, los dos ojos se cruzan, lo que significa que los dos ojos se complementan en vez de fijarse en una letra tras otra conjuntamente. El cerebro recibe las dos imágenes y las funde a fin de procesar la información.

Los autores concluían que para que podamos leer correctamente un texto sólo es necesario que la primera y la última letra de cada palabra sean las correctas y que el resto de letras pueden variar de posición.

Podéis comprobar la certeza de su teoría leyendo el siguiente texto:

Sgeún un etsduio de una uivenrsdiad ignlsea, no ipmotra el odren en el que las ltears etsan ersciats, la uicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y la utlima ltera esten ecsritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar ttaolmntee mal y aun pordas lerelo sin pobrleams. Etso es pquore no lemeos cada ltera por si msima preo la paalbra es un tdoo.¿No os preace os preace ciuroso?

RoJo

RoJo

Sueño una vez más que soy prostituta, y que me encanta respirar ese aire viciado del local donde trabajo. Cierro los ojos lentamente mientras me dejo llevar por la música de una forma casi descontrolada...

...Negro, rojo, rojo, rojo infierno, negro, calor, ¡mucho calor!.

Levanto la cabeza lentamente para no ver la cara de los que esa noche se han acercado para conseguirme, ni por vergüenza ni pudor, puro morbo.

Estoy realmente cansado de todo...

                                                          Terry

Artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado en XL-Semanal.

Artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado en XL-Semanal.

     Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros.

Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.

No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.

De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.  


Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

 

Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

 

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos»
Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante.
Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio.  

Cuánto más peligro tiene un imbécil, que un malvado.     

Los políticos deberían comprometerse en sus programas electorales a llevar a sus hijos  a un colegio público.

 

Las palabras se las lleva el viento

Dónde estáis. Actores y actrices, monologuistas y cuentacuentos, músicos y poetas... Seguimos esperando a aquellas personas que un día vinieron a nuestro café (¿recordáis los conciertos de los cantautores?) y se ofrecieron a formar parte de nuestro proyecto que no es otro que ofrecer una alternativa cultural y de ocio en un espacio con tan poca oferta como es Arcos. Todavía os estamos esperando.

esclavitud

esclavitud

Un asalariado hipotecado, es un esclavo de hoy en día.

(Aunque la mayoría no lo sepa)

Soñar

Soñar es recorrer el camino de la vida disfrutando del paisaje. Cuando se cumple alguno de nuestros sueños es como bajarte del coche, asomarte a un mirador en una alta cima, mirar a tu alrededor lentamente, sonreir y cerrar los ojos para respirar hondo.

Pero a veces cruzamos por la vida por un túnel, donde no hay más que hormigón para admirar. El único esfuerzo que tenemos que hacer es girar el cuello, mirar hacia delante y ver la luz al fondo. Esa luz que redescubre los sueños que dejamos atrás.

Igual de importante es darte cuenta de que no vas solo/a en el coche, llevas a uno o varios acompañantes, que con sus palabras, sus historias, sus chistes, sus preguntas, nos hacen olvidar (o lo intentan) la oscuridad del túnel. Pero a veces estamos tan enfrascados en mirar el hormigón con detalle, que no los escuchamos, no les prestamos atención e incluso podemos enfadarnos, mandándolos a callar y hacerles daño porque no nos dejan concentrarnos en las grises paredes.

Libre eres de mirar la pared, pero ¿tanto te cuesta girar la cabeza y mirar la luz que anuncia el regreso del paisaje?

Territorio Desértico

Territorio Desértico
 

 

 

No soy yo quien ha escrito lo que sigue (si alguien sabe quién ha sido, que lo diga...)

 

 

Territorio desértico...

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Luces en la noche; problemas en las regiones vitales.

Una, la cabeza que choca, aplastadas las tripas.

Estoy atrapado en un fuego cruzado que no comprendo.

No doy un duro por la representación de las mismas viejas escenas.

No doy ni un duro por lo que hay entre ellas.

Cariño, quiero el corazón, quiero el alma, quiero controlarlos ahora.

Habla de un sueño. Intenta hacerlo realidad

Te despiertas por la noche con un miedo tan auténtico...

Pasas la vida esperando por un momento que no acaba de llegar.

No pierdas el tiempo esperando.

Terreno desértico. Tienes que vivir en él todos los días.

Deja permanecer a los corazones rotos como el precio que has de pagar.

Seguiremos esforzándonos hasta que se entienda

Y este territorio desértico empiece a tratarnos bien.

Trabajando el campo hasta que tienes la espalda quemada.

Trabajando bajo la rueda hasta que aprendes cómo son las cosas.

Cariño, yo aprendí como son las cosas. Lo aprendí realmente bien ahora.

El hombre pobre quiere ser rico, el rico quiere ser rey,

Y el rey no se siente satisfecho hasta que lo controla todo.

Quiero salir esta noche. Quiero saber por qué me voy.

Creo en el amor que me das. Creo en la esperanza que puede salvarme.

Creo en la fe. Y pido que algún día ella me saque de este territorio desértico.

Para los que tenían un ideal, un profundo ideal,

Lo más profundo de sí mismos.

Que no es pecado estar alegre de que estés vivo.

Quiero encontrar una cara que no me atraviese con su mirada.

Quiero encontrar un sitio

Quiero escupir a la cara de este territorio desértico...