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Un cuento entre todos

Aunque lo he colgado como comentario en el Atículo principal, se me ha ocurrido que si lo cuelgo también aquí, puede ser una buena forma de reactivar el tema.

   Parte 3

   Estaba allí, perfectamente vestida como para ir a misa de domingo. Su limpia cara reflejaba un extremo cuidado en la escenografía del cruel acto, pues sus cuencas vacías miraban a los temerosos aldeanos que se habían acercado a ver qué era lo que producía  tanto revuelo, sin que ni una gota de sangre marcara su horrible rostro. La única sangre que punzaba la vista de sus vecinos era la que aún goteaba de sus muñecas y pies cruelmente clavados a la madera no por uno, sino por tres clavos de gran tamaño. Dos atravesaban su pálida carne de adelante a atrás pero el tercero lo hacía a la inversa y su punta sobresalía escandalosamente hacia los temerosos espectadores debido a su enorme tamaño.

   La Sra. Méinz nunca había sido demasiado bonita pero aun así había sido pretendida años atrás por un comerciante de lana que venía todos los años recorriendo las fincas de los alrededores en busca de género.  La cosa iba bien encaminada. Incluso William, que así se llamaba el comerciante de lana, estaba buscando una casa para asentarse allí en Musselburg  y así poderse casar con ella. La Sra. Méinz (Caroline en su juventud) era la única hija del difunto alcalde Richard, el principal artífice de la reciente prosperidad del pueblo. Huérfana de madre desde hace años y heredera de una modesta fortuna, Caroline se había convertido en un buen partido para cualquiera que no buscara una esposa excesivamente guapa. William no pensaba dejar pasar aquella oportunidad, incluso últimamente había empezado a pensar que podría llegar a enamorarse de ella.

    Una tarde se oyeron unos lastimeros aullidos de dolor en la casa de Caroline y la hallaron desmayada en la entrada con la cara y las manos seriamente quemadas. Necesitó meses de intensas y dolorosas sesiones con ungüentos y cataplasmas que le sanaron sus heridas pero que no pudieron disimular las profundas cicatrices que le surcaban el rostro. Desde entonces Caroline quedó profundamente alterada y nunca más le dirigió la palabra a nadie aunque se sabía que por las noches lloraba y se lamentaba por sus habitaciones. William no pudo soportarlo y un día desapareció del pueblo lo cual sólo consiguió acrecentar las habladurías de las gentes que no lo tenían en demasiada estima, y aumentar la pena y alteración de Caroline. Con el pasar de los años Caroline quedó cada vez más aislada de los demás que empezaron a llamarla Sra. Méinz, adoptando su apellido de soltera, más por respeto a su edad que por su estado civil.

Como digo, todo iba bien hasta que pasó aquel terrible “accidente”, el cual,  visto desde la distancia, no fue más que el primero de una serie de extraños sucesos que concluirían su progresiva escalada allí, en la loma, en aquella fría mañana………...

…...………en la cruz.

 

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