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La cita de la semana

La cita de la semana

Esta es la desgracia, no la mala suerte que llega, insiste, infiel y se va, sino la desgracia vieja, fría, verdosa. No es que venga y se quede, es una cosa distinta, nada tiene que ver con los sucesos, aunque los use para mostrarse; la desgracia está, a veces. Y esta vez está, no sé desde cuándo; anduve dando vueltas para no enterarme.

                                                                                                 Onetti - El astillero

 

 

Un nuevo artículo

Un nuevo artículo

Un nuevo artículo, un recuerdo a Howard Zinn, el autor de La otra historia de Estados Unidos recientemente fallecido.

God bless America.

Redes: Programados para creer

Redes: Programados para creer

Programa emitido el pasado miercoles en TVE.

Es curioso que las ultimas emisiones son entrevistas con psicologos de diferentes especialidades.

Redes 39: Programados para creer

Mano Solo

Mano Solo

El pasado 10 de enero murió Mano Solo, cantante francés, a los 46 años. Recuerdo cuando Juanjo nos lo descubrió a muchos traduciendo una canción suya en su casa en un ya lejano verano. No fue un flechazo, pero con el tiempo que fui entendiendo las letras y asimilando muchas cosas. Varios de sus cds ("La Marmaille nue", "Les annés sombres", "In the Garden") están en mi lista de favoritos sin lugar a dudas. “Poeta del pueblo”, su música tiene algo que te llega y te toca muy adentro. Una vez, una amiga me dijo que ella no podía escuchar a Mano Solo sin llorar. Un poco exagerado, pero si hay que llorar, yo quiero llorar así de bonito.

 

Os dejo un enlace para “Au creux de ton bras”

 

http://www.youtube.com/watch?v=REBBpmOZOFA

 

Tu va me monquer!

 

 

PD: Para no extenderme mucho dejo un intento de traducción de la canción en comentarios (disculpen los profesionales el intrusismo laboral).

Ole, ole, ole…una de “SUCESOS”

Ole, ole, ole…una de “SUCESOS”

Noticia recogida en el periódico de “Arcos Información”, nº 737, jueves 28 de enero de 2010. Sección de sucesos:

 

Cayó con su vehiculo por las escaleras de Pozo Hondón

Sin que se sepan las causas, un vecino de Arcos decidió acortar distancia con su  vehiculo cruzando las escalinatas de Pozo Hondón para, una vez llegado a la plaza, dañar parte del mobiliario urbano y las palmeras que se han instalado recientemente. La Policía puso los hechos en conocimiento de la Guarda Civil para que levantase las diligencias. El conductor, que no sufrió daño alguno a pesar de que se encontraba ebrio, fue denunciado por presunta falta, aunque ciertamente pudo ser mas grave por lo arriesgado de su trepidante hazaña.

Redes: Nuestro instinto asesino

Redes: Nuestro instinto asesino

Programa emitido por TVE el pasado domingo, donde Eduard Punset entrevista al psicólogo evolutivo David Buss.

Redes 28: Nuestro instinto asesino (reposición)

Avatar

Avatar

 

 

 Ahí os dejo una crítica de Avatar

 

 

Pasolini, un personaje curioso.

Pasolini, un personaje curioso.

Pasolini es uno de los personajes más controvertidos de la segunda mitad del siglo XX. Interesante en todos los campos (poesía, novela, cine, ensayo, crítica cultural y social), su obra gira siempre en torno al sexo, a la violencia, al sadismo o al compromiso político. Aunque sea conocido, como suele suceder, sobre todo por sus películas ( recomendar "Saló o los 120 días de Sodoma", que relaciona el fascismo con el sadismo, y que parece ser un antecedente de todas las películas sobre experimentos sociales).

Pasolini siempre se consideró poeta antes que cualquier otra cosa. Y, en efecto, parece que fue con esa poesía suya, tan personal y descompuesta, tan agresiva y tan frágil, donde alcanzó su mejor nivel de expresión. Y por si fuera poco, también es un nombre relevante en la historia del teatro. Su Teatro de la Palabra, donde conjuga el alto discurso intelectual con las pasiones más escatológicas, es siempre interesante, y aún hoy provocador escénica e ideológicamente. Fue brutalmente asesinado en 1975, en circunstancias sin resolver. Un hecho que aumenta la mitomanía y que invita aún más a recomponerle y a devolverle la vida para que transcienda su mensaje, su arte. 

Paradise Lost: The Rise of Denial

Paradise Lost: The Rise of Denial

Más de veinte años sobre los escenarios, doce álbumes de estudio a sus espaldas, y aún siguen en plena forma musical, madurando y, a su vez, sintetizando todo lo aprendido a lo largo de su carrera.

Paradise Lost son, sin duda, unos maestros.

Diríais que esta canción es cruda o melódica? Ahí radica, en parte, su maestría.

Aquí os dejo su último videoclip:

Paradise Lost: The Rise Of Denial

Por cierto, este vídeo tiene un punto que me recuerda levemente al cortometraje Alma que el otro día puso A. J. en este blog.

Collejeros: Enganchados al libro

Collejeros: Enganchados al libro

De lo mejorcito del programa especial de Jose Mota durante la pasada Nochevieja:

Collejeros: Enganchados al libro

Redes: La vida privada del cerebro

Redes: La vida privada del cerebro

Programa de Redes emitido esta semana. Se trata de una reposición.

Ahí va:

Redes 32: La vida privada del cerebro

Leyendas Urbanas del Rock

Os recomiendo que le echeis un vistazo a un blog que conocí por la radio. Se llama "El lado oscuro del rock " y cuenta unas cuantas leyendas urbanas ( o no) sobre el mundo del rock. Una de las que más me ha llamado la atención es "The dark side of the rainbow".

Cara de bueno, cara de malo...

Con permiso del siempre respetable...

Vuelvo a irrumpir para poner otro video. Se trata del videoclip del tema Cara de bueno, cara de malo de mi disco Cien Denarios. Es un tema que resalta la rabia y la impotencia que se siente cuando alguien ha sido traicionado por aquellos que dicen que le quieren.

Historias de traición se escriben muchas y a mí se me viene una muy concreta; cuando Judas traicion a su maestro, Jesús, siendo un beso la herramienta usada para tal fin. Curioso ¿no? El beso, algo tan noble y dulce, vía de traición

Saludos.

Julián.

Axolotl - Julio Cortazar

Axolotl - Julio Cortazar

El otro día cuando vi el corto de "Alma" inmediatamente me acordé de dos relatos que leí hace tiempo y que tienen una similitud sorprendente (entre ellos y con el corto). Uno de los relatos era de mi hermana Esther y otro de Julio Cortazar. Le he enviado el link a mi hermana y si no le importa publicaré su relato aquí en el blog. Mientras os dejo el de Cortazar, merece la pena, no tiene desperdicio:


Axolotl


Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.

El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.

En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.

No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua. Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Había nueve ejemplares y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una situada a la derecha y algo separada de las otras para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y los inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrescencia vegetal, las branquias supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.

Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaz de evadirse de ese sopor mineral en el que pasaban horas enteras. Sus ojos sobre todo me obsesionaban. Al lado de ellos en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras no se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome desde una profundidad insondable que me daba vértigo.

Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido, que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las manecitas... Pero una lagartija tiene también manos así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojitos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.

Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?

Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía mas que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.

Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.

Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.

Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, sólo en cierto modo-, y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.

Hagamos un cuento entre todos!!!

Hagamos un cuento entre todos!!!

Saludos a todos, amigos,

 

                                                os invito a que escribamos juntos un cuento o relato;  yo comenzaré con el principio, y quien quiera que vaya siguiéndolo y continuando la historia libremente, tan sólo hay que ir desarrollando un hilo conductor, pero claro, cada uno que aporte lo que vea en la parte que añada vale???   A ver qué historia sale de diferentes cabecitas!!!

 

PS:  Evidentemente, con cierta extesión, que lo finalice quien mejor entrevea su final,  y libre como el viento la IMAGINACIÓN!!

 

                                                                                                                                                                                         Salud y Alegría!!

 

 

 

NOTA DEL PRINGAO ENCARGADO DEL MANTENIMIENTO DEL BLOG:

 

QUIEN DESEE PARTICIPAR EN LA PROPUESTA DE MARIÁNGELES, PUEDE HACERLO EN LA SECCIÓN COMENTARIOS DE ESTE ARTÍCULO Y YO ME ENCARGARÉ DE IRLOS INTEGRÁNDOLOS EN EL MISMO ARTÍCULO PARA QUE ASÍ SE PUEDA LEER TODO DE UN MODO CONTINUO Y SE PUEDA VER DE UN SOLO VISTAZO COMO VA EVOLUCIONANDO EL RELATO.

 

SI ALGUIEN NO PUEDE COLOCAR SU FRAGMENTO EN LA SECCIÓN COMENTARIOS, PUEDE COLGARLO COMO ARTÍCULO NORMAL, Y CUANDO TENGA TIEMPO, LO INTEGRO EN ÉSTE. ÁNIMO.

 

RECOMENDACIÓN: ANTES DE COLGAR UNA NUEVA PARTE DEL RELATO CONVENDRÍA CONSULTAR EN "COMENTARIOS" POR SI ACASO ALGUIEN HUBIESE AÑADIDO UNA NUEVA APORTACIÓN QUE AÚN NO HUBIESE SIDO PUESTA EN ESTE ARTÍCULO.

 

 

 PARTE 1:     El caso de la Sra. Méinz

 

 Aquel pueblo parecía estar inmerso en un eterno invierno  gélido, donde el frío parecía haber tensado los rostros inexpresivos de sus gentes. Todo un manto gris cubría a la población, un manto aquel que se mantenía intacto desde que ocurriese el misterioso caso de la Sra. Méinz, un caso aquel del que nadie quería hablar, todos recordaban e intentaban olvidar diariamente.

Para poder contaros esta historia, tenemos que viajar unos treinta años atrás en el tiempo, cuando aún la primavera decoraba con flores el bello valle y sus prados, cuando los muchachos iban a bañarse al lago Sansa y las mujeres lavaban sus ropas a orillas del río Trent, un río por el que bullía la vida en cada estación del año…

Por aquel entonces,  los oficios más destacados entre los hombres del pueblo eran el de talar árboles, curtir  pieles y sazonar las carnes de las cacerías, también había un importante sector dedicado a la artesanía: alfareros, zapateros, carpinteros, etc., que llenaban todas las mañanas la plaza mayor del pueblo con sus puestos y donde se podía encontrar todo tipo de artículos hechos en el lugar, además, les acompañaban en la venta agricultores ambulantes de todo el condado que vendían hermosos tomates, ricas lechugas, sabrosas patatas y demás frutas y hortalizas. También estaban los apicultores con garrafas de diferente peso para la miel, pasteleros, floristas, sastres y todo lo que podía necesitarse en aquel lugar para vivir confortablemente.

En aquellos años, el pueblo contaba con unos cinco mil aldeanos, era la época de mayor esplendor, ya que nunca habían sido tantos los que poblaban la aldea; habían construido con el tiempo una escuela, una iglesia, un cementerio, un hospital, un ayuntamiento, habían acondicionado los caminos, se preocupaban por la limpieza de sus calles, en fin, era un pequeño lugar en el mundo donde se podía vivir en armonía y en paz con sus habitantes, todo esto, claro, fue antes de que sucediera el trágico episodio de la Sra. Méinz, un caso que todavía sobrecogía y atemorizaba a la población, ya que … nunca se supo realmente qué ocurrió con certeza, nunca nadie entendió, racionalmente, cómo pudo suceder todo aquello.

  

 

PARTE 2:  (Aportacion de Niti al relato)

 

El pueblo se encontraba a los pies de una loma, una loma desde la que se divisaban todas las casitas blancas con sus tejados de pizarra. Los más ancianos del lugar comentaban que tiempo ha, existió un enorme roble en su cima, pero que de la noche a la mañana el árbol se pudrió y con sus restos la gente hizo leña y carbón para calentarse. En cualquier caso, fuese verdad o fuese leyenda aquello, lo cierto es que la parte más alta de la loma no tenía rastro alguno de ningún árbol.

 

Nadie sabe muy bien quién la encontró, la gente como en tantas cosas nunca se puso de acuerdo. Y todavía hoy, cuando las abuelas quieren asustar a sus nietos con un cuento a medianoche, cuando acurrucados por la lumbre los hombres empiezan a hablar en voz baja, las versiones difieren. Hay quién gusta de decir que el primero que vio a la Sra. Meinz fue un pastorcillo con sus ovejas, otros que un anciano que iba al bosque cercano a coger setas, aquellos que fue una pareja de novios rezagada en la noche cómplice, los más que había sido un cazador con su hijo, los menos que fue una mujer ya entrada en años que había salido de su casa a echar grano a las gallinas... El caso es que a pesar de que aún la noche no se había ido y el día todavía no había llegado, muy pronto el griterío, las voces y el nudo en la garganta lo inundaron todo. Allí en aquella loma desde la que se veían los tejados de las casas y a la que todo el mundo señalaba con miedo, había alguien crucificado, como un Cristo. El globo rojo que era el sol despuntaba con sus rayos por detrás de la loma y no fueron pocos los que muy pronto reconocieron a la Sra. Meinz.

  

 

PARTE 3: (aportacion de Erpereh al relato)

 

   Estaba allí, perfectamente vestida como para ir a misa de domingo. Su limpia cara reflejaba un extremo cuidado en la escenografía del cruel acto, pues sus cuencas vacías miraban a los temerosos aldeanos que se habían acercado a ver qué era lo que producía  tanto revuelo, sin que ni una gota de sangre marcara su horrible rostro. La única sangre que punzaba la vista de sus vecinos era la que aún goteaba de sus muñecas y pies cruelmente clavados a la madera no por uno, sino por tres clavos de gran tamaño. Dos atravesaban su pálida carne de adelante a atrás pero el tercero lo hacía a la inversa y su punta sobresalía escandalosamente hacia los temerosos espectadores debido a su enorme tamaño.

 

   La Sra. Méinz nunca había sido demasiado bonita pero aun así había sido pretendida años atrás por un comerciante de lana que venía todos los años recorriendo las fincas de los alrededores en busca de género.  La cosa iba bien encaminada. Incluso William, que así se llamaba el comerciante de lana, estaba buscando una casa para asentarse allí en Musselburg  y así poderse casar con ella. La Sra. Méinz (Caroline en su juventud) era la única hija del difunto alcalde Richard, el principal artífice de la reciente prosperidad del pueblo. Huérfana de madre desde hace años y heredera de una modesta fortuna, Caroline se había convertido en un buen partido para cualquiera que no buscara una esposa excesivamente guapa. William no pensaba dejar pasar aquella oportunidad, incluso últimamente había empezado a pensar que podría llegar a enamorarse de ella.

 

    Una tarde se oyeron unos lastimeros aullidos de dolor en la casa de Caroline y la hallaron desmayada en la entrada con la cara y las manos seriamente quemadas. Necesitó meses de intensas y dolorosas sesiones con ungüentos y cataplasmas que le sanaron sus heridas pero que no pudieron disimular las profundas cicatrices que le surcaban el rostro. Desde entonces Caroline quedó profundamente alterada y nunca más le dirigió la palabra a nadie aunque se sabía que por las noches lloraba y se lamentaba por sus habitaciones. William no pudo soportarlo y un día desapareció del pueblo lo cual sólo consiguió acrecentar las habladurías de las gentes que no lo tenían en demasiada estima, y aumentar la pena y alteración de Caroline. Con el pasar de los años Caroline quedó cada vez más aislada de los demás que empezaron a llamarla Sra. Méinz, adoptando su apellido de soltera, más por respeto a su edad que por su estado civil.

 

Como digo, todo iba bien hasta que pasó aquel terrible “accidente”, el cual,  visto desde la distancia, no fue más que el primero de una serie de extraños sucesos que concluirían su progresiva escalada allí, en la loma, en aquella fría mañana………...

 

…...………en la cruz.

 

 

PARTE 4 (Aportacion de Julián Candón al relato)

 

 Treinta años de silencio era mucho tiempo. Pero lo que más le sorprendía era la complicidad sepulcral que envolvía todo aquello y cómo, a pesar del largo paso de los años, cual condena, el misterio seguía presente a diario en cada uno de los aldeanos. Y así, envuelto en esa sorpresa que atravesaba los muchos kilómetros hasta llegar al lugar de su procedencia, llegó a Musselburg, Andrew Merholz, el nuevo párroco.

 

Recién salido del seminario. Su juventud descubría la cara asustadiza del que llega a un nuevo lugar sabiendo ser el centro de todas las miradas. Hacía mucho que no se veía una cara nueva por allí. Pero, aún así, la cara de los que seguían con sus ojos su recorrido hasta la iglesia era como la de quien veía pasar a un perro, libre de cualquier guiño de sorpresa o novedad.

 

La Sra. Frampton, quien guardaba la llave de la iglesia, le dio la bienvenida de una forma tan cordial como seca y le acompañó al interior de lo que sería, desde es día, su nuevo lugar de trabajo. Mientras la Sra Frampton le explicaba donde estaban las diferentes habitaciones de la capilla, Andrew iba visualizándolo todo y recordaba las conversaciones que había tenido, a través de correspondencia postal, con el Padre Murray. Fue la tumba de éste, situada en la parte de atrás, lo último que le enseñó la Sra Frampton.

 

Tras recordarle el horario de los servicios la Sra Frampton se despidió. Andrew entró en su habitación y guardó el poco equipaje que tenía. Seguidamente se dirigió al despacho pastoral y empezó a ordenar los libros y documentos que portaba consigo que, sin duda, superaba al bulto de sus ropas. No era casualidad que Andrew acabase en aquella parroquia. El Padre Murray era un viejo amigo de la familia Merholz. Él casó a los padres de Andrew y le bautizó. Murray apadrinó a Andrew para su ingreso en el seminario y mantuvieron su amistad, escribiéndose cartas muy frecuentemente. Gracias a las cartas de Murray, Andrew sabía del extraño misterio que envolvía a aquella aldea por el cual sentía tanta atracción. El de la Sra. Méinz.

 

Andrew fue el primero en su promoción con diferencia. Su meticulosidad fue una de sus principales herramientas. Y aquello le llevó a tener le más alto nivel académico. Haciendo uso de esa cualidad Andrew empezó a examinar las notas que encontró del Padre Murray. Tras varias horas escudriñando Andrew quiso tomarse un descanso. Y fue entonces, cuando apartó la mirada del escritorio para dirigirla a la ventana que tenía a su derecha, que se percató de una pequeña apertura que separaba el sinfonier de la pared. Andrew quiso empujarlo para acabar de acercarlo hasta la pared, pero no pudo. Hizo un nuevo intento con más fuerza y, de la presión, notó como se le abrió un poco uno de los cajones. Andrew entendió que había algo tras ese cajón que impedía que se cerrase correctamente. Así que optó por separar, de nuevo, el sinfonier. Cuando lo tuvo completamente separado vio como la estrecha madera que cubría la parte de atrás del mueble se arqueaba por la parte central, justo a la altura del cajón que no acababa de cerrar. Buscó algo que le ayudase a quitar la contratapa. Tras quitarla descubrió una caja metálica del tamaño de un joyero. La cogió muy despacio, la puso sobre el escritorio y la examinó sin tocarla, como si esperase a que le dijese algo. Mientras la miraba pensaba por qué el Padre Murray tenía una caja guardada con la intención de que nadie la viese. Al fin se decidió a abrirla pero estaba cerrada bajo llave. Buscó en el manojo de llaves que le dio la Sra. Frampton, pero no encontró ninguna llave tan pequeña. Se reclinó en la silla y volvió a pensar. De repente vio el crucifijo que había en un lado del escritorio y se acordó de cómo Murray se despedía en todas sus cartas: “Y recuerda hijo: la clave está en la cruz.”

 

Agarró el crucifijo por la parte central con la mano izquierda y puso la mano derecha en la base de éste, que lo aguantaba de pie. Hizo un pequeño esfuerzo y, tras un leve crujido, empezó a desenroscar la base justo por la mitad. Cuando acabó, allí, envuelta en una bolsita de terciopelo, se encontraba una pequeña llave que encajaba a la perfección con la cerradura de la caja.

Nota de Plumabierta: Esta iniciativa esta en marcha desde el pasado 17 de Diciembre.

El Circo de la Mariposa (2009)

El Circo de la Mariposa (2009)

No dejéis pasar la oportunidad de ver este cortometraje, realmente emotivo y maravilloso.

No diré más, prefiero que lo veáis.

El Circo de la Mariposa (primera parte)

El Circo de la Mariposa (segunda parte)

Cien Denarios, la historia.


- Celebrity bloopers here

Documental que narra la historia del primer trabajo discográfico de Julián Candón, Cien Denarios.

En él se explica cómo nace el proyecto y cómo se desarrolla, pasando por diferentes estudios, colaboraciones, etc...

Jamie Cullum: The Pursuit (2009)

Jamie Cullum: The Pursuit (2009)

Hoy, al igual que hice hace no mucho, me apetece compartir con vosotros un álbum completo, un álbum que acabo de conocer y en el que aún me estoy adentrando.

Se trata del último álbum de Jamie Cullum, un joven músico británico que , con solo 30 años, lleva ya más de diez en esto de la música.

Como aperitivo, os ofrezco el enlace con su último videoclip.

Seguidamente os dejo un enlace que nos permitirá escuchar el álbum completo. Cuando hayáis picado sobre el enlace, empezará la primera canción del disco. Para escuchar todas las que continuan, debéis pulsar donde dice "Play All" (no sé en que idioma os aparecerá, a mi me aparece en inglés). "Play All" está escrito en pequeñito, a la derecha. Pues bien, el álbum lo componen las primeras doce canciones que escuchéis.

I’m All Over It (video oficial)

Jamie Cullum: The Pursuit (primera canción para acceder a las demás)

Espero que disfrutéis de la musica.

Alma

Para los que aún no lo hayáis visto un corto que me gusto mucho.

 

Redes para la ciencia

Hola! Me gustaría compartir con vosotros la pagina web de Redes para la ciencia, donde podeis encontrar los capitulos para poder verlos "online" del mejor programa de divulgación cientifica que se ha hecho jamás en españa (y el unico, creo). Sé que Eduardo Punset crea en algunas personas rechazo, y la verdad es que tampoco se muy bien como es personalmente, pero creo que es indiscutible la labor que hace con este programa para ofrecernos información de calidad respecto a la ciencia.

http://www.redesparalaciencia.com/

Os dejo el enlace para que los disfruteis. Saludos!