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Madness: "Our House" (1982)

Madness: "Our House" (1982)

Lo prometido es deuda, y tal como os dije el otro día, para compensar un poco la melancolía del vídeo de Paradise Lost, hoy me dejo caer con uno que me da un buen rollo del carajo.

Se trata de un clásico de los 80. Ahí lo lleváis:

Madness: "Our House" (1982)

Cartel anunciador

Cartel anunciador

Por ultimo si me permiten os presento tambien el cartel anuciador de la exposicion, que es una obra magistral de Manuel Gutierrez Abadia.

gracias.

invitacion

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Tambien en el mismo acto de inauguracion de la exposicion presentaremos el libro.

invitacion

invitacion

            La Asociación Arcense FO-CAL sigue su actividad intentando plasmar y transmitir la particular visión que tienen sus integrantes del mundo que les rodea, a través de la Fotografía.

 

            El ser humano ha sido, es y será siempre objeto de estudio de las diversas artes plásticas por la complejidad de su naturaleza, por su interacción con otras personas, con otras formas de vida (plantas, animales, etc.), por lo extraño y al mismo tiempo maravilloso de su cuerpo, de su mente; en definitiva por lo atrayente de su naturaleza en sus más variados aspectos.

 

Esta vez son el Agua, Fuego, Aire y Tierra como elementos fundamentales de la vida y como interactúan con el ser humano, como se perciben por éste, como pueden transmitir sensaciones de índole tan diversa y fascinante, cómo se pueden manipular, y cómo puede afectar al hombre; el objeto del trabajo de FO-CAL.

 

La exposición se inaugurará el próximo viernes 25 de Septiembre a las 21:00 horas en el Salón Cultural San Miguel.

 

Por todo ello os invitamos a compartir esta muestra fotográfica que permanecerá abierta al público desde el día 25 de septiembre al 16 de octubre. El horario de visita será de martes a viernes en horario de 11:00 a 14:00 y 19:00 a 21:00 horas, y sábado de 11:00 a 14:00 horas.

Cádiz

Cádiz

Las playas de Cádiz ciudad no son las mejores, todo el mundo lo sabe, pues en la provincia existen maravillas como Zahara o Bolonia. Sin embargo, la imagen del atardecer con la cúpula de la catedral reluciente al fondo mientras tú en el agua te dejas mecer tranquilamente por las olas es un recuerdo imborrable. La foto no es buena, pero me transmite ese sabor de las vacaciones. Echo de menos las puestas de sol en el Atlántico...

Nuevo vídeo de Paradise Lost

Nuevo vídeo de Paradise Lost

Buenas:

Quienes me conocéis sabéis que Paradise Lost es una de mis bandas favoritas desde hace muchos años ya.

Dentro de unos días sale su próximo álbum, pero el vídeo correspondiente al tema que da título al disco ya está colgado en Youtube.

Como el vídeo no es precisamente la alegría de la huerta, espero poneros la próxima vez un vídeo más alegrito, no sé, uno de Madness, The Class o The Ramones, por ejemplo.

 

Un abrazo.

Video de "Faith Divide Us - Death Unite Us"

Mi camino

Mi camino

Cuantos pasos habré dado sobre esta superficie dura y ardiente. Cuantas veces me habré equivocado de camino, vuelto atrás, desviado… Cuantas vueltas en círculo… y aun así no encontré mi destino. ¿Dónde está? Quien sabe… Hace años que vago como un espectro por estos parajes, con la sensación de que soy el único perdido en este lugar y sin embargo, no espero que mi búsqueda acabe pronto, ya que una vez que termine, tal vez, me encuentre perdido de nuevo.

 

 

Los últimos pájaros

Los Últimos Pájaros

Sait Faik

 

Cuando el invierno pone en acción todos sus vientos del norte para establecerse sobre la isla, el verano todavía permanece en la otra parte, sentado como una emigrante un poco triste que todavía no ha liado sus bártulos. Puedo deciros -y no lo hago para cantar mis propias alabanzas- que nadie ama más que yo a esa joven emigrante de bellos rasgos que espera con el pasaporte en la mano y unas cuantas monedas de oro en el bolso, vacilando entre irse y no irse.

En días como ese, cuando todo el mundo comienza a prepararse para los seis o siete meses de frio que se avecinan, yo –por pereza, o por esa costumbre mía de correr detrás de todo lo que huye- me pongo a perseguir a la joven emigrante, para abrazarla en cuanto pueda alcanzarla. A veces permanece inmóvil a la sombra de un pino, bajo un cielo sin sol, y a veces se muestra con todo su esplendor sobre el césped, junto a los matorrales, como si acabara de nacer.

A este lado de la isla, sin casas, donde el verano, con todo ese equipaje suyo de bultos, jirones y líos, demora su partida, lo único que hay es un solitario café al aire libre.

En ese cafetín, situado apenas diez metros por encima de una caleta, tan minúsculo como la terraza de un piso, todavía se pasean las hormigas sobre las mesas de madera, y las moscas aún se posan sobre los bordes de la tacita de café vacía. El silencio tan sólo es interrumpido de vez en cuando por el paso de algún avión. Según escribía estas líneas me han venido a la mente sus pasajeros, que dentro de poco llegarán al aeropuerto de Yesilköy. Antes también pasaban aviones, pero nunca se me había ocurrido pensar en los pasajeros que estaban a punto de bajar del avión en Yesilköy. Seguramente ya habrán bajado cuando termine de escribir estas líneas.

El dueño es un tipo antipático, tiene el aspecto intratable de un funcionario del Estado. Probablemente no regentaría este café de no ser por su delicada salud y porque los médicos le aconsejaron descanso. En cambio, yo, si no he llegado a ser cafetero, es porque nunca he conseguido un buen café para regentar. Un café al aire libre, o, todavía mejor, el café de un pueblo, con tan sólo unos cuantos parroquianos… ¡qué bonito sería! ¿Qué mejor sitio para dejar transcurrir una vida de cincuenta o sesenta años?

Esa ropa blanca tendida entre dos árboles no va a terminar nunca de secarse con este aire templado y húmedo, como detenido, sin sol. Y ese gato sentado sobre la mesa de madera, ¿cuándo dejará de gruñir a mi perro? Y los calcetines agujereados de color rojo cereza sobre la silla… Las hojas de la parra todavía están verdes. La de nuestro jardín ya se marchitó.

Se va el mar, vagabundeando, hacia la punta de Bozburn. ¿Qué parte de Estambul es la que se divisa a lo lejos? ¿Por qué no me llegan sus sonidos?

Se oye pasar otro avión. Nuestra isla debe estar en la ruta de los aviones, pues siempre pasan sobre mí o hacia mi izquierda. Se ha callado el gato. Mi perro ha cerrado los ojos. Se escucha un graznido de cuervos. Antes, en esta época del año, los pájaros solían visitar nuestra isla, piando y cantando sin cesar. Llegaban en bandadas, posándose sobre los árboles.

Hace dos años que ya no vienen.

O tal vez vienen y yo no me doy cuenta de su llegada.

Hacia el otoño me atravesaba el corazón la visión de hombres, mujeres y niños, con jaulas en las manos, que ascendían en dirección de la única colina de la isla.

Los adultos llevaban unas varitas extrañas, untadas con una materia viscosa de color caca.

Al llegar al borde de un claro, dejaban la jaula con el cimbel debajo de un arbolito y ataban las ligas a la rama del árbol. Una bandada de pájaros libres dirigía entonces su vuelo hacia el amistoso canto del cimbel dentro de la jaula. Y todos esos tíos, mujeres y niños esperaban agazapados debajo de otro árbol, y, luego, se acercaban lentamente hasta el árbol lleno de pájaros. Cuatro o cinco conseguían evitar las ligas y echarse a volar, sólo por aquella vez, hasta caer en una nueva trampa, mientras la gente atrapaba a los otros pajarillos, cada uno de los cuales es una obra maestra hecha con nada más que un pedacito de carne. Entonces los degollaban en el acto con sus propios dientes y se ponían a desplumarlos cuando todavía estaban calientes.

Uno de los cazadores solía recabar la ayuda de los niños para esa tarea. Él Mismo preparaba las ligas desde la noche del sábado… Ese tipo, un hombrecillo llamado Konstantin, era comerciante de cereales y tenía un despacho en Gálata. Había que verlo -con sus muñecas gruesas y peludas, su ancho pecho, las ventanas de la nariz, plagadas de puntitos negros, que se le abrían y cerraban rítmicamente, el cabello espeso, como si hubiese brotado rompiendo la piel de la cabeza- caminando a pasos cortos con una velada sonrisa en la boca…

Si hubieseis visto cómo arrancaba el cuello a los pajarillos, mordiéndolos con sus propios dientes, cuyas coronas cromadas parecían relucir de satisfacción al pensar en el plato de arroz que iba a preparar con las carnes minúsculas de esos herrerillos de color pardo amarillento…

Sin embargo, era un tipo callado y modesto, que no se vanagloriaba de sus riquezas… Sus vecinos lo estimaban, pues no era amigo de chismes ni tampoco se metía donde no lo llamaban. Si lo hubierais visto corriendo por la mañana a pasos cortos para ir a su trabajo, o bien cuando volvía por la tarde en el barco, con la bolsa de la compra, no habríais pensado mal de él, a pesar de su corpulencia y torpeza, de su forma de hablar con acento de Karaman, de sus opiniones, simples, pero repletas de sentido común, y de sus bromas, ingenuas pero bienintencionadas, cuando había tomado un par de copas. Era, en suma, uno de tantos otros que llevan una vida acomodada, tranquila y sin excesos.

Pero en otoño, de repente, volvía a convertirse en un monstruo. Tomaba asiento en la popa del barco de las 5,35 de la tarde y miraba el mar con ojos tiernos. Desde finales de septiembre no cesaba de contemplar el cielo de manera poética, hasta que un buen día veríais resplandecerle la cara y los ojos. A lo lejos, por encima del azul turquesa del mar habrían hecho aparición unas gotitas oscuras, unas manchitas pardas que se moverían hacia derecha e izquierda antes de tomar su rumbo.

Konstantin Efendi podía distinguirlas en la lejanía. Entonces, entornaría los ojos, y, al ver los puntitos oscuros alejarse hacia las islas, miraría en torno a ver si había alguien conocido y, guiñándole el ojo, le diría señalando al cielo:

-   ¡Ya ha llegado el aderezo para el arroz!

Cuando los pájaros pasaban cerca del barco, los llamaba imitando su canto con sus dientes y sus gruesos labios. Recuerdo haber visto a los pájaros dejarse engañar por esa falsa llamada de amistad, venir a dar una vuelta alrededor del barco y, luego, alejarse.

De repente, el tiempo cambiaba, sucediéndose los vientos del norte y del sur, hasta que un día, a finales del otoño, uno de esos días dulces y templados, en los que no sopla un pelo de viento y el cielo permanece festoneado de nubes inmóviles, conseguía no sé de dónde el cimbel de la jaula, avisaba a los niños del barrio y se ponía a recoger del cielo, uno a uno, jilgueros, herrerillos y verderones, mezclados con unos cuantos gorriones, miles de los cuales no daban siquiera un cuarto de kilo de carne.

Hace años que ya no vienen los pájaros; o, mejor dicho, yo no los veo. En cuanto desde mi ventana presiento la llegada de esos hermosos días otoñales, encamino mis pasos hacia las laderas donde calculo que puede encontrarse Konstantin Efendi. Si oigo el canto de un pájaro, se me hiela la sangre en las venas y mi corazón se queda en suspenso. El otoño, sin embargo, con sus madroños, sus nubes morenas blanquecinas, su sol que no quema, su azul en calma, su verdor abundante y sus pájaros, nos hace pensar en la paz, la poesía, el poeta, la literatura, la pintura, la música, un mundo, en fin, en donde ya no existan el hambre ni la envidia, un mundo rebosante de personas felices que se comprenden y se aman. En cualquier país, los que salen al campo no tienen más remedio que pensar en tales cosas al escuchar el canto de los pájaros. Pero Konstantin Efendi nos lo impide. Además, los pájaros han dejado de venir. Tal vez, dentro de unos años su especie se haya extinguido. ¿Quién sabe cuántos Konstantin Efendi hay en cada país? Después de los pájaros comenzarán a atacar también la vegetación.

El otro día, había salido a pasear, guardándome bien de no pisar el césped que crecía a ambos lados del camino. Era uno de esos días de Konstantin Efendi. No se veía un solo pájaro en el cielo. Al salir había colgado la jaula de mi herrerillo de un clavo que hay en la pared de mi casa y le había puesto un higo. El pajarillo me había mirado amistosamente con un ojo y se había puesto a picotear las semillas del higo. No había ningún pájaro en el cielo, pero ambos lados del camino estaban cubiertos de verde… De repente, me di cuenta de que en algunas partes el césped estaba arrancado. Un poco más adelante, me topé con cuatro niños. Iban andando, se paraban donde el césped tenía mejor aspecto y con la ayuda de una zapa arrancaban un trozo del tamaño de una losa y lo metían en un saco.

-   ¡Eh! ¿Qué es lo que están haciendo? –les pregunté.

-   A ti qué te importa –me respondieron

Eran niños pobres, en andrajos.

-   Pero, ¿por qué están arrancando eso, niños?

-   Nos lo ha dicho el ingeniero Ahmet Bey.

-   ¿Y para qué lo quiere?

-   ¿Conoces al holandés que vive allí arriba, el que vende pieles? Son para arreglar su jardín…

-   Que compre césped inglés para sembrar, puesto que es tan rico…

-   El césped inglés no vale nada al lado de éste

-   ¿Os parece que éste es mejor?

-   Pues claro, no hay otro mejor. Eso es lo que dice el holandés.

Bajé corriendo a avisar a la policía. Espero que lo hayan prohibido. No obstante siguieron arrancando el césped a escondidas. Ni siquiera le pusieron una multa al ingeniero Ahmet Bey. Parece ser que las normas municipales no tienen previsto multar a los que arrancan el césped a los lados de los caminos.

Primero estrangulan los pájaros; luego, arrancan el césped y dejan los caminos cubiertos de barro.

El mundo está cambiando, amigos míos. Llegará un día en que ya no veréis llegar las manchitas pardas en medio de un cielo otoñal, ni tampoco el cabello verde oscuro de nuestra madre tierra al borde del camino. Eso será una pena, niños, no para nosotros, sino para vosotros. Nosotros, al fin y al cabo, hemos conocido los pájaros y la vegetación. Pero será una calamidad para vosotros, niños. Os lo advierto

 

Azul líquido

Tozuda, me miras con ojos de azul líquido.

En tu amor que brota injerto un rojo deseo.

Tu risa limpia el óxido y yo sé

que mi sangre no descansará

hasta mezlarse con tu sangre.

En el frágil silencio de la noche

elevas tu blanca voz en un susurro

que se pierde en el enredo de tu cuerpo.

Mientras, los huesos me duelen de alegría

y una sonrisa aflora en mis labios.

La sed empaña mis ojos

y el deseo se asoma a tus pupilas

donde titilan las estrellas rítmicamente.

Tu boca en un alarde de locura

expande el microcosmos súbitamente.

Ya nunca podré huir

de esta ardiente magia que nos une

y corro desmemoriado

por tus calles perdidas.

En mi lengua me llevaré tu piel

entre mis dedos conservaré tu pelo

en mis párpados recogeré tus besos

en tus brazos despistaré a mi soledad.

Pablo Yebra

Simposio Plumabierta, Casino de Arcos 20/08/09

Radio Celeste, por Pedro Perez Linero

Radio Celeste, por Pedro Perez Linero

LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA

 

Hace tiempo recibí un correo electrónico que trataba sobre la niñez, sobre esa infancia en cuyo recuerdo tanto nos agrada recrearnos de vez en cuando. Era, por tanto, un texto simpático y lleno de ternura. Daba a entender que éramos felices durante la infancia y que, por lo tanto, ahora que somos adultos deberíamos aprender de ese niño que fuimos para así lograr ser un poco más felices en el presente. Ya saben, la típica reflexión sobre sacar el niño que llevamos dentro y todo eso, cierta a mi entender hasta cierto punto pero que, en ese correo, no sé bien por qué, se me antojó un tanto superficial. Quizás fuera porque me pareció muy edulcorada –por lo general, estos dulces de Internet me empalagan bastante- o porque comprobé una vez más que las personas no recordamos las cosas tal como fueron realmente, sino que las recordamos como nos da la gana.

El caso es que me pregunté: ¿Nadie recuerda ya, por citar sólo un par de ejemplos, al matón que nos hacía la vida imposible en el colegio o al monstruo que habitaba debajo de la cama? En más de una ocasión me he planteado –así, por no pensar en cosas más serias- que los niños no deberían tener patas en sus camas, que éstas tendrían que situarse a ras de suelo para así desterrar al dichoso monstruo. Por esa misma regla de tres también se me ocurre que tendríamos que suprimir los interminables pasillos que conducen al cuarto de baño y rogad a los payasos de porcelana que dejen de dar tan mal rollo, que no se les ocurra guiñar un ojo en plena noche o girar la cabeza mientras el pobre crío intenta inútilmente conciliar el sueño.

En fin, lo único que pretendo decir es que la infancia, además de su lado entrañable -que, por supuesto, no voy a negar-,  también posee sus preocupaciones, sus demonios, y que los niños, además de jugar y pasárselo pipa poniéndose de barro hasta las orejas, también lo pasan mal. Pensemos, por ejemplo, cuántos casos hay en los que la infelicidad de un adulto tiene su raíz precisamente en la niñez.

Creo, humildemente, que cada edad nos brinda su propio tesoro, y que en nosotros reside la capacidad para sacarle provecho. Por supuesto, siempre habrá experiencias buenas y malas, experiencias maravillosas y experiencias terribles, pero es que si no fuese así no estaríamos hablando de la vida.

Quizás para mí sea fácil decir todo esto porque apenas tengo treinta y dos años y porque considero que hasta la fecha no me ha ido mal del todo.

Habría que ver, claro está, si pienso igual pasados unos años.

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RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

DECISIONES

 

Paseaba tranquilamente con un amigo por las calles del centro -los paseos deben ser tranquilos, si no, dejan de ser paseos- en busca de un café, mientras hablábamos sobre el futuro a medio plazo. Bueno, en un principio hablaba mi amigo, pues fue él quien sacó el tema de conversación. Yo, por el momento, me limitaba a callar y a escuchar.

Me comentaba mi amigo las diferentes opciones que se le planteaban una vez que hubiese adquirido un nivel "medio que" de Inglés y decidiese abandonar Edimburgo.

Algunas de esas opciones parecían responder a fines más o menos prácticos y sin desentonar con lo que ha sido su currículum vitae hasta la fecha: Ampliar sus estudios, continuar el aprendizaje del Inglés en otro lugar, trabajar..., ya saben, esas cosas.

Otras, en cambio, delataban al soñador, al romántico, al que no renuncia a la posibilidad de llevar a cabo ese tipo de acciones que parecen pertenecer más bien a un mundo paralelo al que nos han inculcado, pero que en realidad conectan más fielmente con los deseos más profundos del individuo, que no entienden de impuestos, hipotecas o ascensos profesionales.

Todas las opciones le parecían atractivas, y le inquietaba el hecho de que elegir una de ellas implicaba renunciar a todas las demás pues, como diría mi madre, no se puede estar en misa y repicando a la vez.

En ese momento se me vinieron a la cabeza, a modo de brevísimo sumario, todas esas personas que, por unas razones u otras, viven privadas de esa capacidad de decisión sobre su futuro, o ésta se les muestra bastante limitada; bien debido a alguna enfermedad o minusvalía, bien porque su itinerario vital está más que programado por terceras personas o por su cultura, bien debido al régimen dictatorial de turno, bien porque pensar en el futuro es pensar en una ficción -pues viven oprimidos por la monstruosidad, terrible, de la guerra y/o el hambre-, etc.

El caso es que mientras pensaba en estas cosas, no dejaba de escuchar a mi amigo, y sus palabras llenas de futuro e incertidumbre. Se le veía inquieto, levemente preocupado, por lo que decidí pasar a la acción y abrir finalmente la boca para, de este modo, transmitirle todo mi apoyo:

- ¡Qué putada La Libertad!- le dije.

- Sí, tío, ¡qué putada!- contestó riendo.

Llegados a este punto, dejamos el futuro a un lado y nos pedimos un café.

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...DeSaFiOs, MeTas, PrOyEcToS...

...DeSaFiOs, MeTas, PrOyEcToS...

Me gusta nadar en el mar alborotado. Luchar con las olas, demostrarme que puedo más, que mi fuerza es insuperable y puedo llegar más lejos. Avanzo un poco más adentro y me doy cuenta de que realmente no soy nada, la marea juega conmigo y mi vida empieza a correr peligro. Cansado, agotado, sin apenas aire consigo llegar a la orilla y salvar mi valiosa vida. Miro al mar otra vez y con mis ojos, apenas alcanzo a decirle...“espera que me recupere porque dentro de un rato vuelvo a pelear contigo”...

RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

THE SELDOM SEEN KID

(ELBOW)

 

Hacía tiempo que un álbum no me entusiasmaba ni me emocionaba tanto como The Seldom Seen Kid (2008), del quinteto británico Elbow, mi más reciente descubrimiento musical. Lo he escuchado como no sé cuántas veces ya, y no se pueden imaginar cuánto me alegro de haberme topado con esta banda. Como melómano, la Música me produce satisfacciones a diario, y eso, quienes me conocen, lo saben bien. Pero de vez en cuando tiene lugar algún descubrimiento que, como tal, es inesperado, un descubrimiento que me recuerda ese sentido inmenso y maravilloso que posee la Música. Es lo que me ha ocurrido con este disco.

Elbow son de Manchester, y aunque comenzaron su carrera a principios de los noventa -con distinto nombre-, hasta 2001 no vio la luz su primer álbum, "Asleep In The Back". Tras él vinieron "Cast Of Thousands" (2003), "Leaders Of The Free World" (2005), y este "The Seldom Seen Kid" del que les hablo hoy.

Escuchar The Seldom Seen Kid es como leer un buen libro. Este álbum, desde mi punto de vista, es una pequeña obra maestra de la música Pop, aunque debo añadir que en este caso la palabra Pop casi me incomoda, pues siento que este trabajo lo trasciende y que, sencillamente, estamos hablando de Música. No obstante, puestos a etiquetar, yo me quedaría con la denominación Pop Adulto, o Progresivo. Por lo tanto, estamos hablando de un disco que requiere atención, dedicarle su tiempo con tranquilidad; precisa, pues, ser escuchado, no oído.

Es un disco serio, sin prisas, donde las canciones, sin llegar a ser extensas, duran lo que tengan que durar, al margen de las radiofórmulas. The Seldom Seen Kid es un excelente trabajo, un álbum sólido, repleto de buenas composiciones -cuidadas al detalle-, al que ni le sobra ni le falta nada.

Es también un disco que transmite emociones a raudales; desde el vitalismo de la maravillosa "One Day Like This" -quizás donde el álbum alcanza su clímax- a la melancolía tranquila de "Friend Of Ours", una balada bellísima que cierra el disco y en la que Elbow rinde homenaje a Bryan Glancy, un amigo de la banda que falleció en 2007. A él está también dedicado el disco; de hecho, Bryan es The Seldom Seen Kid (El Chico Raras Veces Visto).

Y por si no fuese suficiente con la grabación original, existe otra versión, en directo, en la cual interpretan el álbum completo, acompañados por la BBC Concert Orchestra. Dicho concierto tuvo lugar, nada más y nada menos, que en los míticos Abbey Road Studios, de Londres. Todo un regalo y un lujo para los oídos. Y para el alma.

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Un par de chistes

Un par de chistes

Eduardo Punset, en su sección "Excusas Para No Pensar", de la revista XL Semanal (suplemento dominical de ABC), se deja caer con unos chistes, para abordar el tema de la risa.

He copiado los dos que más me han gustado, aunque él tenía más interés por los que menos hicieran reír a los lectores.

Si queréis leer el artículo entero, pinchad en "¿Por qué nos reímos?"

Y aquí van los dos con los que yo me quedo:

Un paciente –al terminar su examen clínico– le pregunta al doctor: «¿Cuánto tiempo cree usted que me queda de vida?». «Diez», le contesta el médico. «¿Diez qué...? ¿Diez años? ¿Diez meses? ¿Diez días?», le vuelve a preguntar, enfurruñado, el enfermo. El médico le contesta: «Nueve, ocho, siete, seis...».

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Rayanos los 60, un marido que sospecha que su esposa está perdiendo el oído decide comprobarlo por sí mismo. Se va al lado opuesto del cuarto de estar y le suelta: «¿Me oyes?». Al no obtener ninguna respuesta, se va al centro de la habitación y vuelve a preguntar: «¿Me oyes?». Al tener la callada por respuesta, decide ponerse a su lado y hacerle la misma pregunta: «¿Me oyes?», le pregunta de nuevo. «Te repito que sí, ¡por tercera vez!», le dice ella, airada.

RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

ESPAÑOLES EN LA LUNA

 

Hace unos meses, estando en casa de unos colegas, me quedé a cuadros cuando, en una de esas conversaciones que surgen sobre Cine, mencioné El Astronauta (1970). Hasta ese momento yo daba por sentado que esa película era bastante conocida, formando parte de esa especie de filmoteca mental colectiva que tenemos los españoles sobre el cine de nuestro país. Vamos, que yo la tenía por un clásico. Pues no, resultó que en aquella reunión a nadie le sonaba. Es más, no quedó ahí la cosa, sino que encima empezaron con el cachondeito: que si eres un friki, que mira que gustarte películas de ésas, seguro que eres de los que ve Cine de Barrio, etc.

Yo no digo que El Astronauta sea una obra maestra; no lo es, pero tampoco lo pretende, y eso me gusta. Se trata de una comedia typical spanish, al más puro estilo de las que se hacían por aquella época, de las que se pueden disfrutar en familia y con las que se pasa un buen rato y punto. Detalles como que el astronauta camine en plena misión con un búcaro en la mano, me parecen geniales, tienen todo el arte. Y es que El Astronauta no es más que una película sana, divertida, absurda, en la que se dan cita un plantel de actores que, de haber entrado tantas veces en nuestros hogares, son ya como de la familia -los que quedan vivos porque, desgraciadamente, algunos ya no están-.

Si he decidido hablarles de El Astronauta es porque el pasado lunes se cumplieron cuarenta años de la llegada del hombre a la Luna y, por asociación, miren ustedes en qué acabé pensando.

El Astronauta trata sobre un grupo de españoles, currantes de diferentes oficios (un carpintero, un mecánico, un electricista, etc) que, ante la noticia de la llegada del hombre a la Luna, deciden hacer lo propio, pero empleando medios más caseros. El cabecilla del grupo es Pepe (Tony Leblanc), un mecánico que asegura que los de la NASA malgastan muchos millones para realizar algo que él sería capaz de hacer con sólo 8000 pesetas. Fundan la SANA (Sociedad Anónima de Naves Aeroespaciales), y se ponen manos a la obra con el objetivo de enviar al primer español a la Luna. La improvisación y la chapuza están presentes en todo momento, como no podría ser de otro modo, así como las mil patadas que le pegan a los principios más elementales de la Física y del sentido común.

El Astronauta también trata sobre lo chapuceros y mal organizados que podemos llegar a ser los españoles. Lo hace a través del sano ejercicio del humor, del reírnos de nosotros mismos, una cualidad que espero que nunca perdamos, siempre y cuando ese reírnos de nuestros defectos no implique necesariamente resignarnos ante ellos.

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http://centaurodeldesierto.blogia.com/2009/072101-la-tele-de-calidad.php

Un nuevo artículo.

RADIO CELESTE, por Pedro Pérez Linero

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MIS PRIMEROS TRENES

 

Si alguna frase célebre pronuncié durante mi tierna infancia, fue aquella de "¡Irua, qué de pelotes! ¡El tren se va a pinchar!".

Se trataba de mi primer trayecto en ferrocarril, un breve recorrido entre la desaparecida Estación Plaza de Armas -ahora centro comercial, en Sevilla- y el apeadero de La Rinconada.

Mi madrina, que venía en el tren, aún se ríe cuando lo recuerda, y a mí jamás se me olvidará que ese día aprendí mi primera lección ferroviaria: Los trenes no se pinchan.

Después vinieron más lecciones, y éstas llegarían de la mano de mi padre.

Pasábamos tardes enteras en el apeadero, viendo trenes pasar y caminando por los alrededores.

Fue así como aprendí a mantener el equilibrio sobre una vía muerta o a distinguir un sencillo tren de cercanías de un Talgo o uno de mercancías. También recuerdo trenes cargando grandes cantidades de automóviles, y haber presenciado en ocasiones los cambios de aguja, así como los semáforos, que antes creía reservados sólo a calles y carreteras.

De vez en cuando, si mi padre tenía que ir a Sevilla por algún motivo, la fortuna me sonreía y me llevaba con él.

Entonces los trenes de cercanías no parecían autobuses urbanos, como actualmente, sino que emanaban un cierto toque hogareño.

Eran de color azul con algunas partes en amarillo -"los días azules", decía la publicidad-, y los vagones se hallaban divididos en compartimentos, a modo de pequeñas salas, donde los asientos eran de un escay un tanto rancio y, las ventanas, además de venir provistas de cortinas, se podían abrir -menuda temeridad-.

Los billetes de tren todavía no parecían tickets de compra del Mercadona, sino que se presentaban como gruesas tarjetas amarillas impresas mecánicamente. Me gustaban, me gustaban mucho; de hecho, aún conservo alguno de aquellos billetes.

Pasaron los años. Dejé de coger trenes de la mano de mi padre y empecé a coger mis propios trenes. Comencé a viajar por mi cuenta y a construir mi propio itinerario -o destino, si prefieren llamarlo así-, llegando a estaciones a las que mi padre, por haber pertenecido a una generación más desfavorecida -la que nació y creció en plena postguerra- nunca ha podido llegar.

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AMANECE QUE NO ES POCO

AMANECE QUE NO ES POCO

Un amigo me ha recordado que estamos de aniversario. Se cumplen veinte años desde el estreno de la película "Amanece Que No Es Poco", de Jose Luis Cuerda.

Esta película, de un humor surrealista, está llena de situaciones y diálogos absurdos, algunos de ellos sencillamente geniales.

Os dejo un par de secuencias de cama muy breves (no llegan al minuto), que no tienen desperdicio; sobre todo la segunda, vaya dialogo, no os lo perdáis.

Y si algun día tenéis la oportunidad de ver la película, no desaprovechéis la ocasión.

No os arrepenteréis.

Primera secuencia de cama

Segunda secuencia de cama

La torre de los siete jorobados. Crónicas del cine español (2).

Invito a quien quiera a leer esta crítica de la película española de Edgar Neville, La torre de los siete jorobados (1944).

http://centaurodeldesierto.blogia.com/2009/071401-la-torre-de-los-siete-jorobados.-cronicas-del-cine-espanol-2-..php

Otros blogs

Yo soy autor de otro blog y a veces he invitado a visitarlo. Insisto en la palabra "invitar". He puesto mi artículo y luego he puesto el enlace a mi blog. Si sólo ponéis el enlace al artículo de vuestro blog, no me estáis invitando a visitaros sino obligando y no lo veo lógico. Como no creo que lo hagáis con mala fe yo os "invito" a que colguéis el artículo completo aquí, en el pluma y luego deis el enlace para los que quieran profundizar en vuestro trabajo paralelo.

Un saludo de buen rollito a los compis blogueros.