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Lily Allen: "The Fear"

Lily Allen: "The Fear"

Hola hola:

No sé si esta canción está sonando o no en España. Aquí en Reino Unido suena bastante. La chavala es muy conocida, no sólo por la música, sino por salir casi todos los días en la prensa: Que si ha hecho esto, ha dicho aquello o se ha ido de marcha hasta no sé qué hora.

El caso es que a mí esta canción me gusta. Se titula "The Fear", y pertenece a su nuevo álbum, "It’s Not Me, It’s You’’, que acaba de salir. En fin, aquí os dejo el enlace con el vídeo:

http://www.youtube.com/profile?user=lilyallen&annotation_id=annotation_806298&feature=iv

Un abrazo...

                                                                                                                                            Pedrín

... Te EsPeRaBa...

... Te EsPeRaBa...

¿Qué pasó contigo y con tu victoria reciente?…eran las 5, y algunos ciegos sin nombres te buscaban…y no me llamaste…y quizás haya sido un descuido por mi parte esperar que lo hicieras…ya se que el móvil no es tu fuerte y a mi se me hace a poco, siempre esta esa urgencia de que no se puede hablar mucho…como si ninguno de los dos se atreviera a cruzar la orilla (quizás nos quedo el miedo a las olas....) y encima escuchar sin poder mirarte. Parece que es más fácil escribir que decirlo…aunque prefiero tus ojos.

Terry

Damien Rice: "The Blewer´s Daughter" (2002)

Damien Rice: "The Blewer´s Daughter" (2002)

 

Buenas:

He visto los vídeos que ha adjuntado Sergio sobre la película "Once" y me han encantado.

Mientras los veía, y sobre todo, los escuchaba, recordé a otro músico, Damien Rice, del cual tengo el álbum "O" porque en el hostal donde vivía hace más de un año unos antiguos inquilinos se lo dejaron allí, y me lo quedé. Fue así como lo conocí, escuché el disco por curiosidad y me gustó mucho.

Sobre todo me llamó la atención una canción muy lenta (no se puede decir que al "menda" le vaya mucho la marcha), que transmitía una ternura tal que, sinceramente, me atrapó.

En el estribillo dice "I can´t take my eyes off of you" ("No puedo apartar mi vista de ti"), y casi al final de la canción lo modifica levemente diciendo "I can´t take my mind off of you" ("No puedo apartar mi mente de ti"). El modo en que lo canta, la lentitud, el sentimiento que le pone... Realmente sobrecogedor.

Por cierto, mientras buscaba el vídeo en Internet para compartirlo con vosotros me he enterado que tambnién aparece en una película, en "Closer".

Espero que disfrutéis de la canción:

http://www.youtube.com/watch?v=5YXVMCHG-Nk&feature=related

 

Un abrazo...


                           ...Pedrín

ARCOS NEVADO

ARCOS NEVADO

Desde el pasado 2 de febrero se puede visitar la exposición de fotografías “Arcos Nevado” que permanecerá en la Fundación Víctor Marín, en el Palacio del Mayorazgo, hasta el próximo 27 de febrero.

La exposición coincide con el 54 aniversario de aquella famosa nevada que cayó en Arcos y que inmortalizó con sus imágenes Víctor Marín Solado.
La muestra es una recopilación de las fotografías que el propio Víctor Marín hizo ese día durante un recorrido por las calles de Arcos cubiertas de nieve y que fueron recogidas en un libro editado en 1997 por el propio Ayuntamiento.

La exposición podrá visitarse en horario de 9 h. de la mañana a 14 h de la tarde durante todo el mes de febrero.

 

Os dejo un enlace donde podréis visionar algunas de estas fotografías:

 

http://www.arcosenlared.com/joomla/component/option,com_wrapper/Itemid,34/

Once

Once

 

Once es una película irlandesa realizada en 2006 que habla de la historia de un músico de la calle. Aunque no es sólo eso... Es la historia de una persona con aspiraciones y sueños, además de una persona derrotada, con dudas, miedos e inseguridades, enamorada y desengañada... Pero todo esto se cuenta con la música, que es una protagonista más. Una historia en que los sentimientos se ven reflejados por la belleza de las melodías de una guitarra y un piano... la voz rota del protagonista (Glen Hansard) contrasta de manera peculiar con las bellas melodías, a veces con tintes de Coldplay, y otras veces evocando los pasajes sonoros de Portishead. 

Una historia protagonizada por la música , el amor (que inevitablemente a veces conlleva al desamor) y los sueños. Por eso no puedo dejar de recomendar esta gran película que me ha robado un pellizco de mis más profundos sentimientos. 

Glen Hansard & Markéta Irglová - Falling Slowly:

VideoClip

Glen Hansard & Markéta Irglová - When your mind’s made up:

VideoClip

P.S.: Los actores son los mismos compositores, autores e intérpretes de las canciones. Aunque no sea relevante, la peíicula se llevó el oscar a la mejor canción original por "Falling Slowly" en 2008, y el premio del público en el Festival de Sundance en 2007.

 

 

El último teorema de Fermat

El enunciado del último Teorema de Fermat (1601-1665) quedó anotado en un margen de su ejemplar de la Aritmética de Diofanto de Alejandría (150 A.C.) traducida al latín por Claude Gaspar Bachet (1581-1638) publicado en 1621. Este libro, con las numerosas notas marginales de Fermat, fue publicado en 1670 por su hijo Clemente Samuel. El enunciado del teorema dice que la ecuación  xn +yn = zn no tiene soluciones enteras para n > 2. Fermat afirmaba que tenía una demostración, pero se exime de darla argumentado que el margen es demasiado estrecho como para dárnosla.

La aseveración de Fermat sobre una atractiva afirmación matemática significó, por siglos, uno de los más grandes enig­mas para los matemáticos. Tratando de “redescubrir” esa demostración del que ha sido conocido como el último teorema de Fermat, los matemáticos han recorrido muchos caminos, creando novedosas teo­rías, descubriendo nuevos teoremas, plan­teando interesantes conjeturas y, también, enfrentándose con grandes decepciones.

Menciona­remos a quienes contribuyeron de manera significativa a resolver el problema.

El propio Fermat, haciendo uso de un método descubierto por él mismo, llamado el método de descenso infinito, demostró que no existen ternas de números enteros distintos de cero x, y, z que satisfagan la ecuación para n = 4

Des­pués del logro del propio Fermat, la primera contribución digna de señalarse es la del gran matemático suizo Leonhard Euler, quien en 1747 dio una prueba (incompleta) del caso n = 3.

Más de 75 años después, Gustav Lejeune-Dirichlet y Adrien-Marie Legendre produjeron sendas pruebas del último teorema en el caso n = 5, basadas en un poderoso método de Sophie Germain.

El servicio más grande prestado a las matemáticas por el último teorema de Fermat ha sido, sin duda, su motivación para la creación de la teoría de los números algebraicos, por Ernst Eduard Kummer en sus intentos por probarlo. Ésta es ahora una rama de las matemáticas que tiene un fuerte impacto.

 

Pero fue una conjetura, debida a dos matemáticos japoneses, Yu­taka Taniyama y Goro Shimura, la que dio la pauta a Wiles. Esta conjetura, vincula dos complicados conceptos de la matemática: las ecuacio­nes elípticas, que son ecuaciones cuyas variables toman valores en los números reales, y las formas modulares, que, dicho vagamente, son funciones cuyas variables toman valores en los números complejos y describen formas de alto grado de simetría. La conjetura de Taniyama-Shimura afirma que a cada forma modular se le puede asociar una ecuación elíptica; relaciona dos formas distintas del pensamiento matemático.

En el otoño de 1984, en el Instituto Matemático de un pueblito de la Selva Negra, Oberwolfach, donde semanalmente se reunían  matemáticos a discutir, en una sesión dedicada a la teoría de los núme­ros, el alemán Gerhard Frey demostró, transformando la ecuación de Fermat en una ecuación elíptica, que si el último teorema de Fer­mat fuese falso, entonces la conjetura de Taniyama-Shimura también lo sería. Así, estableció el puente entre ambos proble­mas. Restaba, pues, demostrar la conjetura de los nipones, para resolver el enigma del milenio.­

 

A lo largo de años de trabajo dedicado casi exclusivamente al último teorema de Fermat, Wiles conoció la conjetura de Taniyama-Shimura, a través de su maestro, el profesor australiano John Coates, mientras estudiaba el doctorado en Cambrid­ge, Inglaterra. Supo que para probar el último teorema de Fermat, tenía que demostrar la conje­tura de Taniyama-Shimura, es decir, que toda ecuación elíptica tiene que estar asociada a una forma modular.

El trabajo sistemático y, sin duda, su genialidad, condujeron a Wiles, después de siete años de solitarios esfuerzos, a demostrar la conjetura de Taniyama-Shi­mura. Relata: “En mayo de 1993, estaba convencido de tener en mis manos el último teorema de Fermat; aún quería ase­gurarme de que la demostración estuviera correcta, pero se acercaba una conferencia a finales de junio en Cambridge. Pensé que sería un bello lugar para anunciar mi prue­ba: la ciudad donde viví y fui estudiante de doctorado.” Presentó en el Instituto Isaac Newton, en el taller de teoría de los números, una serie de tres conferencias titulada “Formas modulares, curvas elíp­ticas y representaciones de Galois”, ante expertos de todo el mundo. Al terminar la última conferencia, Wiles escribió el enunciado del último teorema de Fermat y dijo: “Creo que aquí terminamos”... Hubo un prolongado aplauso.

Wiles había probado un caso especial de la conjetura de Taniyama-Shimura, suficiente para obtener el último teorema de Fermat.

 

Poco después se detectó un error en la demostración que les tomó más de un año en corregir. Finalmente, publicaron el resul­tado definitivo en un artículo que con el primero de Wiles sumaba 130 páginas de matemáticas de primera línea, y apareció en una de las más prestigiadas revistas matemáticas, Annals of Mathematics, en mayo de 1995.

 

El más importante galardón al que puede aspirar un matemático es la Me­dalla Fields, que a diferencia del Premio Nobel, se entrega cada cuatro años y a matemáticos menores de 40 años que ha­yan alcanzado logros extraordinarios en la materia. La fecha límite para que Wiles lo obtuviera era el Congreso Internacional de Matemáticos realizado en Zurich, Suiza, en 1994, cuando aún no cumplía los 40, pero tampoco tenía la prueba completa.

En el Congreso de Berlín, de 1998, la prueba ya estaba terminada, pero Wiles rebasaba los 40.

Tierra

Tierra

Esta fotografia forma parte de la coleccion para el libro de los 4 elementos.

 

¡Regrese!,
desafiante e insolente,
como el guerrero
después de una batalla encarnizada,
dejando atrás cuerpo y vida,
cuando la muerte
es tan solo una sencilla decisión
entre sentimientos y comprensión,
infierno o gloria,
cara y cruz de una moneda.

Regrese, ahora soy yo,
ya no me persigue,
ya no arrastro,
el cuerpo sentenciador,
armadura de grasas,
emociones enfrentadas,
movimientos esclavizados,
ahora soy yo,
equilibrado, diáfano,
transparente a tus ojos,
y rompo lanzas, escudos,
desato tormentas, mareas,
ondas expansivas
furiosas por sentir,
explosión de jubilo,
huracán de vida,
entre mis manos abiertas
la llama arde roja, viva,
nerviosa por existir…
¿la ves?¿la ves?
es mi aura,
la siento y tú también…

 

 

Imagen: Mariscal          Texto: Terry

¿Quién dirige nuestras vidas?

¿Quién dirige nuestras vidas?

Kafkiano en Praha

Huella 7

Huella 7

... huellas, huellas, huellas...

...sorprendido me es en estos días donde la lluvia hace su más caprichosa presencia comprobar que tanto carriles como carreteras de arenas están mayoritariamente marcadas con huellas como estas…

...ósea… huellas de 4x4...

¡¡malditos roedores…!!

El descubrimiento del Método de Arquímedes

El descubrimiento del Método de Arquímedes

La verdadera historia del manuscrito que podría haber cambiado el rumbo de la ciencia

 

Un palimpsesto es un manuscrito cuyo contenido ha sido borrado para ser reutilizado y sobrescribir sobre él un nuevo texto; el más conocido es el de Arquímedes.

Se trata de un libro que fue escrito en el siglo XIII por un monje escribano llamado Juan Myronas y que en lugar de usar pergaminos nuevos empleó las páginas de cinco libros para escribir oraciones y bendiciones sobre ellos, previo raspado y borrado de los antiguos textos (eliminaron la tinta empleando zumo de naranja). A principios del siglo XX se descubriría que uno de los cinco libros reciclados se trataba de un trabajo único de Arquímedes. El filólogo danés Johan Ludvig Heiberg dio con él en 1906 trabajando en el Metokión, junto al Santo Sepulcro, en el barrio griego de Constantinopla.

 

Se pudieron conocer así las únicas copias conocidas de dos de sus obras: Cuerpos flotantes y Método de los teoremas de mecánica.

El manuscrito con los textos de Arquímedes fue probablemente copiado a finales del siglo X en Constantinopla y constaba de 94 folios.

 

La tecnología actual ha permitido descubrir nuevos textos en el palimpsesto de Arquímedes. En 2002 se descubrió, con nuevas técnicas de tratamiento de imágenes, que en el palimpsesto también se albergaba el único manuscrito conocido de Hipérides, político ateniense del siglo IV antes de Cristo. En 2007, salta la noticia de que se ha conseguido encontrar un tercer texto en griego y que se trata de un comentario sobre las categorías del filósofo Aristóteles, que son la base del estudio de la lógica en la civilización occidental. Todo parece indicar que el autor de este comentario sea obra de Alejandro de Afrodisias, el más importante comentarista antiguo de Aristóteles.

 

El Método, tal como ha llegado hasta nosotros, contiene la mayor parte del texto de unas quince proposiciones enviadas a Eratóstenes, matemático y bibliotecario de la Universidad de Alejandría, en forma de carta.

 

Lo que Arquímedes hizo en este tratado fue, en primer lugar, combinar la matemática pura y las consideraciones de orden físico: al colocar segmentos de objetos geométricos sobre una báscula consiguió calcular el área y el volumen de los objetos. A continuación, realizó sumas infinitas. Por ejemplo, tomó una esfera y calculó su volumen como la suma infinita de los círculos de los que está compuesta. Éste fue el logro de Arquímedes, comparable al cálculo integral moderno de Newton. Según dijo Netz, "La ciencia moderna se basa en el descubrimiento de que las matemáticas y la física van de la mano y que su herramienta primordial es el cálculo diferencial e integral, que versa sobre las sumas y divisiones infinitas. Puede afirmarse sin duda alguna que El método estaba 2.000 años por delante de su tiempo".

 

Muchos de los resultados logrados por Arquímedes: áreas, volúmenes, centros de gravedad, se obtienen hoy mediante los recursos del cálculo integral, pero los matemáticos griego empleaban el método de exhaución de Eudoxo. Este método no es de descubrimiento, sino que es un método de demostración y por tanto exige conocer de antemano el resultado a demostrar.

Los matemáticos occidentales, cuando en el siglo XVI comenzaron a conocer los escritos de Arquímedes, aseguraban que éste disponía de un método especial para lograr sus resultados, método que había mantenido en secreto. Con el paso del tiempo se demostró que Arquímedes sí había ideado un método con ese objeto, pero no lo mantuvo en secreto sino que el azar hizo que esta incógnita no se desvelara hasta pasados dos milenios.  

¿QUE PASA CON EL TIEMPO?

¿QUE PASA CON EL TIEMPO?

... venerado y odiado, no hace más que recordarnos lo efímero de nuestras vidas…un segundo, un minuto, una hora, un día... recorro un camino lejano a mi tiempo, vivo suspendido en el espacio y sin ser consciente de los ojos que me miran.

Grito tu nombre por no tener otra forma de llamarte, uno, dos, tres...

... sigo sin oír el paso del tiempo…

Terry

COMIDAS TRADICIONALES

COMIDAS TRADICIONALES

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Pues ¡sí!, hoy he comido un potaje de berzas que se me ha saltado hasta las lágrimas, y es curioso que me acuerde de los que están afuera del país –Edimburgo, Londres, etc.- cada vez que me doy un homenaje como este…así pues…este potaje de berzas ha sido a vuestra salud…

 

                                        Un abrazo de Cangrejo

                                                                                                          

                                                                                                            Terry

HUELLA 6

HUELLA 6

Perdon por ausentarme tanto tiempo...me perdi buscando huellas...

Huellas 5

Huellas 5

En ocasiones veo..........¡huellas!

La lengua de las mariposas

La lengua de las mariposas

La lengua de las mariposas

Manuel Rivas


(Texto completo)

«¿Qué hay , Gorrión? Espero que este año podamos ver por fin la lengua de las mariposas».

El maestro aguardaba desde hacía tiempo que le enviaran un microscopio a los de la instrucción pública. Tanto nos hablaba de cómo se agrandaban las cosas menudas e invisibles por aquel aparato que los niños llegábamos a verlas de verdad, como si sus palabras entusiastas tuvieran un efecto de poderosas lentes.

«La lengua de la mariposa es una trompa enroscada como un resorte de reloj. Si hay una flor que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar. Cando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar ¿a que sienten ya el dulce en la boca como si la yema fuera la punta de la lengua? Pues así es la lengua de la mariposa». Y entonces todos teníamos envidia de las mariposas. Que maravilla. Ir por el mundo volando, con esos trajes de fiesta, y parar en flores como tabernas con barriles llenos de jarabe.

Yo quería mucho a aquel maestro. Al principio, mis padres no podían creerlo. Quiero decir que no podían entender como yo quería a mi maestro. Cuando era un «picarito», la escuela era una amenaza terrible. Una palabra que cimbraba en el aire como una vara de mimbre.
«¡Ya verás cuando vayas a la escuela!»
Dos de mis tíos, como muchos otros mozos, emigraron a América por no ir de quintos a la guerra de Marruecos. Pues bien, yo también soñaba con ir a América sólo por no ir a la escuela. De hecho, había historias de niños que huían al monte para evitar aquel suplicio. Aparecían a los dos o tres días, ateridos y sin habla, como desertores de la batalla del Barranco del Lobo. Yo iba para seis años y me llamaban todos Gorrión. Otros niños de mi edad ya trabajaban. Pero mi padre era sastre y no tenía tierras ni ganado.

Prefería verme lejos y no enredando en el pequeño taller de costura. Así pasaba gran parte del día correteando por la Alameda, y fue Cordeiro, el recolector de basura y hojas secas, el que me puso el apodo. «Pareces un gorrión».

Creo que nunca corrí tanto como aquel verano anterior al ingreso en la escuela. Corría como un loco y a veces sobrepasaba el límite de la Alameda y seguía lejos, con la mirada puesta en la cima del monte Sinaí, con la ilusión de que algún día me saldrían alas y podría llegar a Buenos Aires. Pero jamás sobrepasé aquella montaña mágica.

«¡Ya verás cuando vayas a la escuela!»

Mi padre contaba como un tormento, como si le arrancara las amígdalas con la mano, la manera en que el maestro les arrancaba la jeada del habla para que no dijeran ajua ni jato ni jracias. «Todas las mañanas teníamos que decir la frase 'Los pájaros de Guadalajara tienen la garganta llena de trigo'. ¡Muchos palos llevábamos por culpa de Juadalagara!» Si de verdad quería meterme miedo, lo consiguió. La noche de la víspera no dormí. Encogido en la cama, escuchaba el reloj de la pared en la sala con la angustia de un condenado. El día llegó con una claridad de mandil de carnicero. No mentiría si les dijera a mis padres que estaba enfermo.

El miedo, como un ratón, me roía por dentro.

Y me meé. No me meé en la cama sino en la escuela.

Lo recuerdo muy bien. Pasaron tantos años y todavía siento una humedad cálida y vergonzosa escurriendo por las piernas. Estaba sentado en el último pupitre, medio escondido con la esperanza de que nadie se percatara de mi existencia, hasta poder salir y echar a volar por la Alameda.

«A ver, usted, ¡póngase de pie!»

El destino siempre avisa. Levanté los ojos y vi con espanto que la orden iba para mi. Aquel maestro feo como un bicho me señalaba con la regla. Era pequeña, de madera, pero a mi me pareció la lanza de Abd el-Krim.

«¿Cuál es su nombre?»

«Gorrión»

Todos los niños rieron a carcajadas. Sentí como si me batieran con latas en las orejas.

«¿Gorrión?»

No recordaba nada. Ni mi nombre. Todo lo que yo había sido hasta entonces había desaparecido de mi cabeza. Mis padres eran dos figuras borrosas que se desvanecían en la memoria. Miré cara al ventanal, buscando con angustia los árboles de la alameda.

Y fue entonces cuando me meé.

Cuando se dieron cuenta los otros rapaces, las carcajadas aumentaron y resonaban como trallazos.

Huí. Eché a correr como un loquito con alas. Corría, corría como solo se corre en sueños y viene tras de uno el Sacaúnto. Yo estaba convencido de que eso era lo que hacía el maestro. Venir tras de mi. Podía sentir su aliento en el cuello y el de todos los niños, como jauría de perros a la caza de un zorro. Pero cuando llegué a la altura del palco de la música y miré cara atrás, vi que nadie me había seguido, que estaba solo con mi miedo, empapado de sudor y de meos. El palco estaba vacío. Nadie parecía reparar en mi, pero yo tenía la sensación de que toda la villa estaba disimulando, que docenas de ojos censuradores acechaban en las ventanas, y que las lenguas murmuradoras no tardarían en llevarle la noticia a mis padres. Las piernas decidieron por mí. Caminaron hacia el Sinaí con una determinación desconocida hasta entonces. Esta vez llegaría hasta A Coruña y embarcaría de polisón en uno de esos navíos que llevan a Buenos Aires.

Desde la cima del Sinaí no se veía el mar sino otro monte más grande todavía, con peñascos recortados como torres de una fortaleza inaccesible. Ahora recuerdo con una mezcla de asombro y nostalgia lo que tuve que hacer aquel día. Yo sólo, en la cima, sentado en silla de piedra, bajo las estrellas, mientras en el valle se movían como luciérnagas los que con candil andaban en mi búsqueda. Mi nombre cruzaba la noche cabalgando sobre los aullidos de los perros. No estaba sorprendido. Era como si atravesara la línea del miedo. Por eso no lloré ni me resistí cuando llegó donde mi la sombra regia de Cordeiro. Me envolvió con su chaquetón y me abrazó en su pecho. «Tranquilo Gorrión, ya pasó todo».

Dormí como un santo aquella noche, pegadito a mamá. Nadie me reprendió. Mi padre se había quedado en la cocina, fumando en silencio, con los codos sobre el mantel de hule, las colillas amontonadas en el cenicero de concha de vieira, tal como pasara cuando había muerto la abuela.

Tenía la sensación de que mi madre no me había soltado de la mano en toda la noche.

Así me llevó, agarrado como quien lleva un serón en mi vuelta a la escuela. Y en esta ocasión, con corazón sereno, pude fijarme por vez primera en el maestro. Tenía la cara de un sapo.

El sapo sonreía. Me pellizcó la mejilla con cariño. «¡Me gusta ese nombre, Gorrión!». Y aquel pellizco me hirió como un dulce de café. Pero lo más increíble fue cuando, en el medio de un silencio absoluto, me llevó de la mano cara a su mesa y me sentó en su silla. Y permaneció de pie, agarró un libro y dijo:

«Tenemos un nuevo compañero. Es una alegría para todos y vamos a recibirlo con un aplauso». Pensé que me iba a mear de nuevo por los pantalones, pero sólo noté una humedad en los ojos. «Bien, y ahora, vamos a comenzar con un poema. ¿A quien le toca? ¿Romualdo? Ven, Romualdo, acércate. Ya sabes, despacito y en voz bien alta».

A Romualdo los pantalones cortos le quedaban ridículos. Tenía las piernas muy largas y oscuras, con las rodillas llenas de heridas.

«Una tarde parda y fría...»

«Un momento, Romualdo, ¿qué es lo que vas a leer?»
«Una poesía, señor».

«¿Y como se titula?»

«Recuerdo infantil. Su autor es don Antonio Machado»

«Muy bien, Romualdo, adelante. Despacito y en voz alta. Repara en la puntuación»

El llamado Romualdo, a quien yo conocía de acarrear sacos de piñas como niño que era de Altamira, carraspeó como un viejo fumador de picadura y leyó con una voz increíble, espléndida, que parecía salida de la radio de Manolo Suárez, el indiano de Montevideo.

«Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel

se representa a Caín

fugitivo, y muerto Abel,

junto a una marcha carmín...

«Muy bien. ¿Qué significa monotonía de lluvia, Romualdo?», preguntó el maestro.

«Que llueve después de llover, don Gregorio».

«¿Rezaste?», preguntó mamá, mientras pasaba la plancha por la ropa que papá cosiera durante el día. En la cocina, la olla de la cena despedía un aroma amargo de nabiza.

«Pues si», dije yo no muy seguro. «Una cosa que hablaba de Caín y Abel».

«Eso está bien», dijo mamá. «No se por que dicen que ese nuevo maestro es un ateo».

«¿Qué es un ateo?»

«Alguien que dice que Dios no existe». Mamá hizo un gesto de desagrado y pasó la plancha con energía por las arrugas de un pantalón.

«¿Papá es un ateo?»

Mamá posó la plancha y me miró fijo.

«¿Cómo va a ser papá un ateo? ¿Cómo se te ocurre preguntar esa pavada?»

Yo había escuchado muchas veces a mi padre blasfemar contra Dios. Lo hacían todos los hombres. Cuando algo iba mal, escupían en el suelo y decían esa cosa tremenda contra Dios.

Decían dos cosas: Cajo en Dios, cajo en el Demonio. Me parecía que sólo las mujeres creían de verdad en Dios.

«¿Y el Demonio? ¿Existe el Demonio?»

«¡Por supuesto!»

El hervor hacía bailar la tapa de la olla. De aquella boca mutante salían vaharadas de vapor e gargajos de espuma y berza. Una abeja revoloteaba en el techo alrededor de la lámpara eléctrica que colgaba de un cable trenzado. Mamá estaba enfurruñada como cada vez que tenía que planchar. Su cara se tensaba cuando marcaba la raya de las perneras. Pero ahora hablaba en un tono suave y algo triste, como si se refiriera a un desvalido.

«El Demonio era un ángel, pero se hizo malo».

La abeja batió contra la lámpara, que osciló ligeramente y desordenó las sombras.

«El maestro dijo hoy que las mariposas también tienen lengua, una lengua finita y muy larga, que llevan enrollada como el resorte de un reloj. Nos la va a enseñar con un aparato que le tienen que mandar de Madrid. ¿A que parece mentira eso de que las mariposas tengan lengua?»

«Si él lo dice, es cierto. Hay muchas cosas que parecen mentira y son verdad. ¿Te gusta la escuela?»

«Mucho. Y no pega. El maestro no pega»

No, el maestro don Gregorio no pegaba. Por lo contrario, casi siempre sonreía con su cara de sapo. Cuando dos peleaban en el recreo, los llamaba, «parecen carneros» y hacía que se dieran la mano.

Luego, los sentaba en el mismo pupitre. Así fue como hice mi mejor amigo, Dombodán, grande, bondadoso y torpe. Había otro rapaz, Eladio, que tenía un lunar en la mejilla, en el que golpearía con gusto, pero nunca lo hice por miedo a que el maestro me mandara darle la mano y que me cambiara junto a Dombodán. El modo que tenía don Gregorio de mostrar un gran enfado era el silencio.

«Si ustedes no se callan, tendré que callar yo».

Y iba cara al ventanal, con la mirada ausente, perdida en el Sinaí. Era un silencio prolongado, desasosegante, como si nos dejara abandonados en un extraño país.

Sentí pronto que el silencio del maestro era el peor castigo imaginable. Porque todo lo que tocaba era un cuento atrapante. El cuento podía comenzar con una hoja de papel, después de pasar por el Amazonas y el sístole y diástole del corazón. Todo se enhebraba, todo tenía sentido. La hierba, la oveja, la lana, mi frío. Cuando el maestro se dirigía al mapamundi, nos quedábamos atentos como si se iluminara la pantalla del cine Rex. Sentíamos el miedo de los indios cuando escucharon por vez primera el relincho de los caballos y el estampido del arcabuz. Íbamos a lomo de los elefantes de Aníbal de Cartago por las nieves de los Alpes, camino de Roma. Luchamos con palos y piedras en Ponte Sampaio contra las tropas de Napoleón. Pero no todo eran guerras.

Hacíamos hoces y rejas de arado en las herrerías del Incio. Escribimos cancioneros de amor en Provenza y en el mar de Vigo. Construimos el Pórtico da Gloria. Plantamos las patatas que vinieron de América. Y a América emigramos cuando vino la peste de la patata.

«Las patatas vinieron de América», le dije a mi madre en el almuerzo, cuando dejó el plato delante mío.

«¡Que iban a venir de América! Siempre hubo patatas», sentenció ella.

«No. Antes se comían castañas. Y también vino de América el maíz». Era la primera vez que tenía clara la sensación de que, gracias al maestro, sabía cosas importantes de nuestro mundo que ellos, los padres, desconocían.

Pero los momentos más fascinantes de la escuela eran cuando el maestro hablaba de los bichos. Las arañas de agua inventaban el submarino. Las hormigas cuidaban de un ganado que daba leche con azúcar y cultivaban hongos. Había un pájaro en Australia que pintaba de colores su nido con una especie de óleo que fabricaba con pigmentos vegetales. Nunca me olvidaré. Se llamaba tilonorrinco. El macho ponía una orquídea en el nuevo nido para atraer a la hembra.

Tal era mi interés que me convertí en el suministrador de bichos de don Gregorio y él me acogió como el mejor discípulo. Había sábados y feriados que pasaba por mi casa y íbamos juntos de excursión. Recorríamos las orillas del río, las gándaras, el bosque, y subíamos al monte Sinaí. Cada viaje de esos era para mí como una ruta del descubrimiento. Volvíamos siempre con un tesoro. Una mantis. Una libélula. Un escornabois. Y una mariposa distinta cada vez, aunque yo solo recuerde el nombre de una es la que el maestro llamó Iris, y que brillaba hermosísima posada en el barro o en el estiércol.

De regreso, cantábamos por las corredoiras como dos viejos compañeros. Los lunes, en la escuela, el maestro decía: «Y ahora vamos a hablar de los bichos de Gorrión».

Para mis padres, esas atenciones del maestro eran una honra. Aquellos días de excursión, mi madre preparaba la merienda para los dos. «No hacía falta, señora, yo ya voy comido», insistía don Gregorio. Pero a la vuelta, decía: «Gracias, señora, exquisita la merienda».

«Estoy segura de que pasa necesidades», decía mi madre por la noche.

«Los maestros no ganan lo que tienen que ganar», sentenciaba, con sentida solemnidad, mi padre. «Ellos son las luces de la República».

«¡La República, la República! ¡Ya veremos donde va a parar la República!»

Mi padre era republicano. Mi madre, no. Quiero decir que mi madre era de misa diaria y los republicanos aparecían como enemigos de la Iglesia.

Procuraban no discutir cuando yo estaba delante, pero muchas veces los sorprendía.

«¿Qué tienes tu contra Azaña? Esa es cosa del cura, que te anda calentando la cabeza»

«Yo a misa voy a rezar», decía mi madre.

«Tu, si, pero el cura no»

Un día que don Gregorio vino a recogerme para ir a buscar mariposas, mi padre le dijo que, si no tenía inconveniente, le gustaría «tomarle las medidas para un traje».

El maestro miró alrededor con desconcierto.

«Es mi oficio», dijo mi padre con una sonrisa.

«Respeto muchos los oficios», dijo por fin el maestro.

Don Gregorio llevó puesto aquel traje durante un año y lo llevaba también aquel día de julio de 1936 cuando se cruzó conmigo en la alameda, camino del ayuntamiento.

«¿Qué hay, Gorrión? A ver si este año podemos verles por fin la lengua a las mariposas»"

Algo extraño estaba por suceder. Todo el mundo parecía tener prisa, pero no se movía. Los que miraban para la derecha, viraban cara a la izquierda. Cordeiro, el recolector de basura y hojas secas, estaba sentado en un banco, cerca del palco de la música. Yo nunca vi sentado en un banco a Cordeiro. Miró cara para arriba, con la mano de visera. Cuando Cordeiro miraba así y callaban los pájaros era que venía una tormenta.

Sentí el estruendo de una moto solitaria. Era un guarda con una bandera sujeta en el asiento de atrás. Pasó delante del ayuntamiento y miró cara a los hombres que conversaban inquietos en el porche. Gritó: «¡Arriba España!» Y arrancó de nuevo la moto dejando atrás una estela de estallidos.

Las madres comenzaron a llamar por los niños. En la casa, parecía haber muerto otra vez la abuela. Mi padre amontonaba colillas en el cenicero y mi madre lloraba y hacía cosas sin sentido, como abrir el grifo del agua y lavar los platos limpios y guardar los sucios.

Llamaron a la puerta y mis padres miraron el picaporte con desasosiego. Era Amelia, la vecina, que trabajaba en la casa de Suárez, el indiano.

«¿Saben lo que está pasando? En la Coruña los militares declararon el estado de guerra. Están disparando contra el Gobierno Civil»

«¡Santo cielo!», se persignó mi madre.

«Y aquí», continuó Amelia en voz baja, como si las paredes oyeran, «Se dice que el alcalde llamó al capitán de carabineros pero que este mandó decir que estaba enfermo».

Al día siguiente no me dejaron salir a la calle. Yo miraba por la ventana y todos los que pasaban me parecían sombras encogidas, como si de pronto cayera el invierno y el viento arrastrara a los gorriones de la Alameda como hojas secas.

Llegaron tropas de la capital y ocuparon el ayuntamiento. Mamá salió para ir a la misa y volvió pálida y triste, como si se hiciera vieja en media hora.

«Están pasando cosas terribles, Ramón», oí que le decía, entre sollozos, a mi padre. También él había envejecido. Peor todavía. Parecía que había perdido toda voluntad.

Se arrellanó en un sillón y no se movía. No hablaba. No quería comer.

«Hay que quemar las cosas que te comprometan, Ramón. Los periódicos, los libros. Todo»

Fue mi madre la que tomó la iniciativa aquellos días. Una mañana hizo que mi padre se arreglara bien y lo llevó con ella a la misa. Cuando volvieron, me dijo: «Ven, Moncho, vas a venir con nosotros a la alameda».

Me trajo la ropa de fiesta y, mientras me ayudaba a anudar la corbata, me dijo en voz muy grave: «Recuerda esto, Moncho. Papá no era republicano. Papá no era amigo del alcalde. Papá no hablaba mal de los curas. Y otra cosa muy importante, Moncho. Papá no le regaló un traje al maestro».

«Si que lo regaló».

«No, Moncho. No lo regaló. ¿Entendiste bien? ¡No lo regalo!»

Había mucha gente en la Alameda, toda con ropa de domingo. Bajaran también algunos grupos de las aldeas, mujeres enlutadas, paisanos viejos de chaleco y sombrero, niños con aire asustado, precedidos por algunos hombres con camisa azul y pistola en el cinto. Dos filas de soldados abrían un corredor desde la escalinata del ayuntamiento hasta unos camiones con remolque entoldado, como los que se usaban para transportar el ganado en la feria grande.

Pero en la alameda no había el alboroto de las ferias sino un silencio grave, de Semana Santa. La gente no se saludaba. Ni siquiera parecían reconocerse los unos a los otros. Toda la atención estaba puesta en la fachada del ayuntamiento.

Un guardia entreabrió la puerta y recorrió el gentío con la mirada. Luego abrió del todo e hizo un gesto con el brazo. De la boca oscura del edificio, escoltados por otros guardas, salieron los detenidos, iban atados de manos y pies, en silente cordada. De algunos no sabía el nombre, pero conocía todos aquellos rostros. El alcalde, el de los sindicatos, el bibliotecario del ateneo Resplandor Obrero, Charli, el vocalista de la orquesta Sol y Vida, el cantero q quien llamaban Hércules, padre de Dombodán... Y al cabo de la cordada, jorobado y feo como un sapo, el maestro.

Se escucharon algunas órdenes y gritos aislados que resonaron en la Alameda como petardos. Poco a poco, de la multitud fue saliendo un ruge-ruge que acabó imitando aquellos apodos.

«¡Traidores! ¡Criminales! ¡Rojos!»

«Grita tu también, Ramón, por lo que más quieras, ¡grita!». Mi madre llevaba agarrado del brazo a papá, como si lo sujetara con toda su fuerza para que no desfalleciera. « ¡Que vean que gritas, Ramón, que vean que gritas!»

Y entonces oí como mi padre decía «¡Traidores» con un hilo de voz. Y luego, cada vez más fuerte, «¡Criminales! ¡Rojos!» Saltó del brazo a mi madre y se acercó más a la fila de los soldados, con la mirada enfurecida cara al maestro. «¡Asesino! ¡Anarquista! ¡Comeniños!»

Ahora mamá trataba de retenerlo y le tiró de la chaqueta discretamente. Pero él estaba fuera de sí. «¡Cabrón! ¡Hijo de mala madre¡». Nunca le había escuchado llamar eso a nadie, ni siquiera al árbitro en el campo de fútbol. «Su madre no tiene la culpa, ¿eh, Moncho?, recuerda eso». Pero ahora se volvía cara a mi enloquecido y me empujaba con la mirada, los ojos llenos de lágrimas y sangre. «¡Grítale tu también, Monchiño, grítale tu también!»

Cuando los camiones arrancaron cargados de presos, yo fui uno de los niños que corrían detrás lanzando piedras. Buscaba con desesperación el rostro del maestro para llamarle traidor y criminal. Pero el convoy era ya una nube de polvo a lo lejos y yo, en el medio de la alameda, con los puños cerrados, sólo fui capaz de murmurar con rabia: «¡Sapo! ¡Tilonorrinco! ¡Iris!».

Os deseo.......

Betlehem por exoszajzbuk.

........feliz Navidad a TODOS.

Mi regalo de Navidad

Mi regalo de Navidad

Muy buenas:

Aquí en el Reino Unido están con la Navidad que parece que la han inventado ellos. De hecho existe una cantidad casi ilimitada de canciones navideñas sonando constantemente, tanto en radio como en televisión. Hay programas de televisión de grandes éxitos navideños de las últimas décadas, incluso a veces ves en la pantalla del televisor un pequeño reloj con una cuenta atrás indicando el tiempo que queda para Navidad.

El caso es que algunas de esas canciones las conocía porque también fueron éxito en España, y me recordaban un poco a mi infancia, como por ejemplo, la canción "Last Christmas" (1984) del duo Wham, al que pertenecia George Michael (irreconocible en el video, joven, con algo de greñas y sin barba).

Aquí va el video:

http://uk.youtube.com/watch?v=3354flS1KJs

De todas formas, si entre todas esas canciones que no he dejado de oir durante las últimas semanas tuviera que elegir una, me quedaría con "Happy Chistmas (War is Over)", de John Lennon y Yoko Onno. Todo un himno, precioso:

Ahí va, pues, mi regalo de Navidad para todos:

http://uk.youtube.com/watch?v=hb2YSAVHmIE

Y otra version con subtitulos en castellano:

http://uk.youtube.com/watch?v=l_AmBntxGhg

FELIZ NAVIDAD...

 Pedrín

pedrinplumabierta@yahoo.es

YA ES NAVIDAD

YA ES NAVIDAD

Abrió los ojos lentamente. Estaba oscuro. Y con la torpeza típica del que está despertando, primero vislumbró los números digitales en rojo de su radio-despertador (07:11), luego sintió el frío típico del invierno.

“Qué pronto - pensó mientras su cabeza procesaba datos lentamente - Ah, sí, he de coger el tren a las ocho y media. Llegar a casa, saludar a todo el mundo, comer hasta reventar, beber hasta caer al suelo, hacer regalos a diestro y siniestro, pasar la tarde en el sofá viendo fotos antiguas, aguantar las preguntas sobre el trabajo y las novias, ver la tele y, por la noche, vuelta a empezar el ciclo.Ya es Navidad, no hay dudas. Qué horror” ..

Se acurrucó y se dio cinco minutos más y, lo juró, se levantaría. Volvió a abrir los ojos. Algo no encajaba... Tenía los regalos, la maleta hecha desde la noche anterior, había arreglado todos sus asuntos urgentes para no tener que pensar en volver antes... .

No era eso. Lo que le perturbaba era algo de la habitación. Lo estaba oyendo hacía rato pero no se había percatado estando medio dormido. Se despertó del todo: oía una respiración a su lado. Suave, pausada. La de alguien que duerme a gusto. Alargo la mano a su espalda sin girarse. Tocó un cuerpo caliente. De hecho toda su experiencia en asuntos de cama, no mucha, le gritó al unísono que era, más concretamente, un muy caliente pecho femenino. .

El grito fue psíquico pero el pecho pareció oírlo tan perfectamente como si hubiera utilizado un megáfono.
“¿mmmffghhnnn...?” - dijo el pecho, demostrando que los pechos, sobre todo estando dormidos, pronuncian fatal la frase “¿qué hora es?”-. “Ya es de día” - contestó atónito su interlocutor, haciendo acopio de valor y girándose para ver adónde estaba pegado ese pecho parlanchín -..

La idea “una mujer en mi cama” no es extraña a la mayoría de personas que tienen cama ni tampoco a algunos hombres casados. Pero para una inmensa minoría es un concepto extraño, más que nada por no ser habitual en absoluto. Y allí estaba ella, un hermoso concepto, en mi cama. .

“¿Aún tienes tiempo?” - pronunció esta vez correctamente aquel pecho a una mujer pegado -. .

Antes de que pudiera preguntar la sandez“¿tiempo para qué?”, el “que” ya estaba pasando. Revoltillo de mantas, manos ávidas de reconocimiento corporal ajeno, color allá dónde había frío y la extrañeza convirtiéndose en pasión matinal: dulce, irreal, húmeda y sutil. .

“Todo el tiempo del mundo”- respondió para sus adentros mientras miraba de reojo el reloj que marcaba ya las 09.46 -.
“Ya es Navidad, no hay duda. Qué bien”.

Felices Fiestas,

y  un bonito y lindo 2009.

   Terry                        

 

Huellas 4

Ésta es la prueba de  lo  "perros" que pueden llegar a ser algunos humanos.

cuevas 021 por ti.

El software libre, ese gran desconocido. 1ª Parte

Hola a todos, me he decidido a escribir este articulo, que creo que es bastante importante para que los lectores tomen conciencia de un asunto que nos atañe a todos, ya que hoy en dia, es dificil no tener ninguna relación con la informatica.

Primero me gustaría definir ¿que es software libre? Extraigo la definicion del RAE: 

"Software:

(Voz inglesa)

1. m. Inform. Conjunto de programas, instrucciones y reglas informáticas para ejecutar ciertas tareas en una computadora."

"Libre:

1. adj. Que tiene facultad para obrar o no obrar.

2. adj. Que no es esclavo.

3. adj. Que no está preso.

4. adj. Licencioso, insubordinado.

5. adj. Atrevido, desenfrenado.

7. adj. Suelto, no sujeto."

 

De libre he extraido las definiciones que encajan con la definicion de Software Libre. Os preguntareis, como es posible que un software sea esclavizado, y en tal caso, esclavizado por quien. Pues esclavizado por las patentes. El software libre sigue una filosofia un tanto peculiar. Seria una especie de "do it your self, and share it" (hazlo tu mismo y compartelo). Bajo el paraguas del software libre, no existe pirateria, porque se puede distribuir libremente entre los usuarios por cualquier via (internet principalmente), y no solo eso, sino que se puede modificar ese software o alterar, siempre y cuando esas derivaciones sigan siendo software libre. Quizas os digais en este momento, que no utilizais software libre, y que esto no os importa. En este punto os invito a que conozcais alguno de estos programas como:

Firefox: un navegador de paginas web mas rapido que internet explorer. http://www.mozilla-europe.org/es/firefox/

OpenOffice.org: Paquete ofimatico similar a M$ Office, y compatible con este ultimo. http://es.openoffice.org/

GIMP: Programa de retoque fotografico similar a Photoshop. http://www.gimp.org/

eMule: Cliente de redes p2p que utilizan tecnologia edonkey. http://www.emule-project.net/home/perl/general.cgi?l=17

 

Existen muchisimos mas, pero creo que son los mas populares. Es posible que penseis, que todo esto es algo que suponeis. Es posible que supongais que M$ windows sea software libre, porque se distribuye libremente, porque no pagais nada por él... porque en definitiva, teneis un windows instalado en vuestro ordenador, y pensais que es gratuito. Si teneis una pegatina de licencia por alguna parte en vuetro ordenador que certifique que estais usando una copia legal, quiere decir que habeis pagado ese windows como licencia OEM, estaba incluido en el precio del ordenador. Si no teneis esa pegatina que certifique vuestra copia... deberiais saber que estais cometiendo pirateria, es decir, que os han vendido un ordenador con un windows pirata, o que habeis instalado sin querer (vamos a dejarlo aqui) un windows y no teneis la licencia que certifique que podeis usarlo. 

Llegados a este punto me gustaria comentar que M$ office tambien tiene licencia. Ojeando por tienda de internet me he encontrado que la licencia mas barata cuesta 159€ (iva inc). M$ office NO es software libre, si tu creas un documento con M$ office, generará un archivo terminado en .doc , y como es normal este archivo solo puede ser abierto con M$ office. ¿Que ocurre si yo soy una persona honrada y no quiero tener software pirata, y ademas no quiero o no puedo pagar 159€ (iva inc ) por un programa? Pues literalmente me jodo. Podeis seguir pensando que esto ni os va ni os viene, vosotros con vuestro windows y office pirata estais muy contentos, y mientras nadie se entere que lo utilizais y no os denuncie ni nada por el estilo pues estais tranquilos. Pero el tema de todo esto es que aunque en vuestra casa no pagais ese M$ windows o office, sí que lo pagais en todas esas oficinas del SAE, o del ayuntamiento, o de la biblioteca, o del SAS...y un largo etc. Creo que a dia de hoy todos pagamos impuestos y esos impuestos terminan en las arcas del estado y que siguiendo la cadena, son los que pagan las "herramientas" de los funcionarios, esas herramientas son un ordenador con windows y office. Señores, saquen la calculadora y multipliquen todos los ordenadores que hay en las entidades publicas, estos pagan licencias, ellos no pueden eludirlas como vosotros. Atencion que solo hablo de office, si hacen las mismas cuentas para windows, os asustais. Cuanto dinero se va en estos programas de ordenador, miles de millones de pesetas. ¿Os haceis una idea de lo que significa? Lo peor de todo es que existen alternativas, y que no por ser gratuitos son peores ni mucho menos, solo teneis que bajaroslo y probadlo por vosotros mismos. Todo esto y no me enrrollo mas en esta 1ª parte, me llena de una profunda indignacion, mas que nada porque los textos que me llegan de plumabierta estan en .doc, o sea creados en office. Y como bien sabeis no puedo, no me apetece y no quiero pagar 160€ por un programa para escribir a maquina, hacer facturas o presentaciones, sobre todo si existe un programa que hace lo mismo por 0€.

Saludos!

P.D. Perdonen por "el coñazo"  de articulo pero tenia que soltarlo Guiño.